El condicionamiento neotecnológico (fragmento)
Jean-Marc Mandosio
La tecnología nos ha conducido, casi insensiblemente, a la neotecnología. La neotecnología es un avatar de la tecnología, fundado (para la ideología) sobre la cibernética y (para la práctica) sobre la teoría matemática de la comunicación; tiene como punto clave la codificación de informaciones bajo la forma numérica, y por característica el no ser sino un medio cuyo único fin es él mismo: la "comunicación" que está aquí en cuestión no es la comunicación de algo, sino comunicación de la comunicación - confirmación de que hay plena comunicación, que hay un emisor y un receptor, sin otra finalidad que la de "comunicar". (El uso intransitivo del verbo, que es una novedad en francés, indica claramente que la comunicación es ante todo comunicación sin objeto.)
Si han bastado algunas décadas para que los ordenadores y otros robots dejen de aparecer como inquietantes autómatas y se conviertan en los acompañantes ordinarios de la vida cotidiana, es porque previamente las relaciones sociales han sido al mismo tiempo sistematicamente desintegradas. ¿Por qué se prefiere hacer cursos, comprar billetes de tren o consultar la cuenta bancaria por Internet sin salir de casa? Porque ir a un supermercado, a una estación o a un banco es una experiencia que no tiene nada de agradable, y porque la persona que se tiene en frente en un supermercado, una estación o un banco ya no es más que un autómata humanoide. Se llega entonces a preferir la frialdad de la relación con una máquina a la frialdad de las relaciones hurnanas. Y, a falta de amigos humanos en una sociedad donde los individuos están cada vez más separados y donde el otro no es percibido sino como una entidad amenazante, los ordenadores - habiéndose convertido en más convivenciales que en el pasado - devienen "amigos" de substitución. Los japoneses, que nos adelantan con mucho en materia de deshumanización, han inventado primero los Tamagochis, criaturas virtuales que llaman la atención de su propietario si este olvida alimentarles a la hora de su comida (virtual); después, los perros y gatos electrónicos, imitaciones torpes de animales de compañía:
"BN-1 reacciona a las caricias y es capaz de aprender a jugar. ¿Os acordáis de Aïbo, el perro-robot de Sony? Aquí está el gato, versión Bandaï, y bautizado con el bonito nombre "Comunicación Robot BN-1". La conclusión de cinco años de investigación en inteligencia artificial. Pues BN-1 (su diminutivo) se prevé como más comunicativo y menos caro que su rival canino Aïbo: no costará "más que" 3000 francos. BN-1 tiene el vientre equipado con tecnologías que le permiten ser autónomo en sus desplazamientos. Para hacerse reconocer por el animalillo y jugar con él, su dueño deberá utilizar un emisor de colgante. Gracias a los receptores sensoriales, el gato-robot es incluso capaz de simular reacciones a las caricias. Un muy felino "receptor de feromonas" le permite incluso comunicarse y jugar con sus compañeros gatos-androides. Pero BN-1 desea ante todo llegar a ser el mejor amigo del hombre. Evolucionará y "crecerá" en función de la atención que su dueño le haya aportado. Los más exigentes podrán añadirle nuevos comportamientos utilizando los dos software de programación entregados al mismo tiempo." (Transfert, verano de 2000.)
La pesadilla de Philip K. Dick es ya casi una realidad:
"Después de un pequeño desayuno engullido con prisa se equipó para salir, se proveyó de su pantalla occipito-nasal de plomo (... ) y llegó a las terrazas cubiertas, sobre el techo del inmueble, donde "pastaba" su cordero eléctrico. (... ) El animal lo rumiaba todo mirándole fijamente con su ojo alerta, esperando sin duda algunas tortas de avena. El supuesto cordero tenía un tropismo para la avena en sus transistores y cuando percibía este cereal, se acercaba con unos aires de ansia perfectamente convincentes. (... ) ¡Era desmoralizante, al fin, ser propietario de este timo con patas y tener que cuidarlo como a una verdadera criatura! Y no obstante, desde un punto de vista social, había que hacerlo, dada la ausencia de verdaderos animales. No había elección." (¿Sueñan los androides con corderos eléctricos? 1968.)
(Todas estas extrañas invenciones que son en lo sucesivo nuestro destino cotidiano no suscitan ningún asombro una vez que llegan al mercado, pues han sido banalizadas - quizá desde hace décadas - por las novelas de ciencia ficción. Los autores de estas novelas no son profetas, sino - entre los mejores de ellos, como Dick - finos observadores, que se limitan a extrapolar a partir de la realidad que les rodea. Iluminan de ese modo posibilidades latentes que permanecen desapercibidas, que forman parte de lo que se podría llamar el imaginario consciente de nuestra sociedad; los escritores y los cineastas de ciencia-ficción tienen por función ponerlo al día, permitiéndole adaptarse a los cambios en marcha. El lector - o, más a menudo, el espectador- se habitúa a frecuentar universos inverosímiles, paradójicos, inesperados, lo que atenúa considerablemente la famosa "resistencia al cambio técnico", esta fuerza de inercia tan temida por los tecnócratas, que detestan por encima de todo ver cómo se retrasa la puesta en marcha de sus innovaciones. Por lo que los medias, tomando el relevo de la ciencia-ficción, nos anuncian sin tardar, tan pronto como una nueva "generación" de ordenadores, de teléfonos pmtátiles o de vehículos conducidos por satélite llega a ser "operativa", que la siguiente generación está ya en proyecto y que hay que esperar a que esta "revolución" inminente trastoque una vez más todas nuestras ideas aceptadas; y eso es por lo que nos describen desde hace décadas, en intervalos regulares, "cómo viviremos en el año 2000", "en el 2015", "en el 2025", etc. Que las predicciones sean la mayoría de las veces enteramente falsas no tiene importancia alguna; lo importante es hacerse a la idea de que el mañana será muy diferente del hoy, y que esta diferencia es el fruto de una evolución inexorable, de la cual la metáfora de la sucesión de "generaciones" muestra el carácter a la vez natural y fatal.)
Es igualmente en Japón que ha nacido, hace una decena de años, el "otakismo", expresión que designa la "vida por poderes" de los otakus, jóvenes que permanecen hundidos de forma permanente en un universo casi exclusivamente compuesto de juegos de video y de mangas. En Francia, el autismo asistido por ordenador comienza a propagarse de forma alarmante, si se da crédito a este sondeo (Libération, 8 de agosto de 2000):
"El 32% de los franceses declaran sentirse capaces de vivir aislados, durante un mes, en un apartamento con la sola compañía de un PC y una conexión a Internet. (... ) Nuestros vecinos europeos se muestran mucho menos tentados por la experiencia. Para Intel (la sociedad encargada del estudio), es la prueba de que comienza una "verdadera historia de amor entre los franceses e Internet".
Para comprender cómo hemos podido llegar a este punto, hay que tener en cuenta los resultados de una encuesta del INSEE publicada en Le Monde (2 de marzo de 1998) bajo un título elocuente: "1983-1997: los franceses se hablan cada vez menos."
El caso de Internet es análogo al del teléfono portátil o de los animales de compañía electrónicos. Se trata siempre de satisfacer un elemental deseo de relaciones efectivas y de comunicación poniendo a distancia a los otros seres humanos - con los que se está, ciertamente, en relación permanente, pero siempre indirecta, vía teléfono o Internet - o suprimiéndoles. Y ya podemos ver a jóvenes zombies enamorarse de Lara Croft, heroína de un juego electrónico convertida en la primera "star" virtual, o de la "bella Ananova", presentadora de información televisada por Internet:
"Ananova ha nacido en el seno de la agencia de prensa británica PA (Press Association). (...) Se considera que su rostro tiene un global appeal - un encanto mundializado. (... ) los pioneros de PA New Media han intentado traducir tres rasgos de su carácter: "creible, fiable, reconocible entre mil". Se necesitaba una personalidad bien sólida. De ahí los cabellos verdes, que saltan a la vista (... ), y sobre todo la escritura de una leyenda personal. Ananova es una joven mujer moderna, abierta... y soltera. "Se han recibido dos millones de mensajes del mundo entero. No solamente para mostrar sosias. Por San Valentín, Ananova recibió declaraciones de amor, ¡e incluso una petición de matrimonio!" La gran incógnita es el cuerpo de la star (... ). No ha sido aún mostrado al público, pero existe. Como el rostro, ha sido concebido ex nihilo, superponiendo maquetas, fotos y croquis de estereotipos femeninos, de Marilyn Monroe a los maniquís de moda. Mientras que la presentadora virtual del Canal 5 ha sido modelado a partir de una verdadera mujer, escaneada de pies a cabeza, Ananova fue inventada de muchas piezas." (Transfert, verano de 2000.)
Esto no es nuevo, se dirá; estaba ya incluso en la novela: Don Quijote y Madame Bovary confunden el mundo real con el de las novelas de amor o de caballerías, y los predicadores de siglos pasados no habían cesado de condenar la lectura perniciosa de novelas, proveedores de malos ejemplos. Las representaciones gráficas realistas producen, también, tales efectos. Plutarco contaba que un general del ejército de Alejandro tuvo convulsiones, después de la muerte de éste, al ver un retrato de su rey; creía haber visto un fantasma. El sentimiento de surrealidad provocado por los ordenadores, y más particularmente por Internet, no es, por el contrario, un fenómeno excepcional que afecta a algunas personas particularmente infantiles o frágiles, sino la norma. Ya en la gran época del cine, los espectadores fantaseaban sobre las stars fabricadas a ese efecto, a partir de un substrato humano que ya no es considerado indispensable. Esta surrealidad está mucho más próxima del sentimiento religioso que de la identificación suscitada por las ficciones y las representaciones. Internet no es ni una ficción ni una representación, y esto es lo que le da su fuerza. Igualmente, para los cristianos, la vida, la muerte y la resurrección de Cristo no eran una fábula como lo había sido, para los griegos, el combate de los dioses y los titanes o la historia de los amores de Zeus; era una realidad, un hecho histórico realmente ocurrido. Y era igualmente la perspectiva de una redención de la humanidad, la superación de las imperfecciones humanas en la Ciudad de Dios. Sucede lo mismo hoy con Internet:
"El ciberespacio está constituido por intercambios, relaciones, y por el pensamiento mismo, desplegado como una ola que se eleva en la red de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo está a la vez por doquier y en ninguna parte, pero no está ahí donde habitan los cuerpos. Nosotros creamos un mundo donde todos pueden entrar, sin privilegio ni prejuicio dictado por la raza, el poder económico, el poder militar, o el lugar de nacimiento. Nosotros creamos un mundo donde cada uno, desde donde se encuentra, puede explicar sus ideas, tan singulares como puedan ser, sin temer ser reducido al silencio o a la norma. Vuestras nociones jurídicas de propiedad, de expresión, de identidad, de movimiento y de contexto no se aplican a nosotros. Éstas se fundan sobre la materia. Aquí, no hay materia. Nuestras identidades no tienen cuerpo; así, contrariamente a vosotros, no podemos obtener el orden por la coacción física. (... ) Vamos a crear una civilización del espíritu en el ciberespacio. Puede que sea más humana y más justa que el mundo que vuestros gobernantes han creado." (John Perry Barlow, Déclarations d'indépendance du cyberespace (1996), enLibres enfants du savoir numérique: une anthologie du "libre", L'Eclat, 2000.)
Internet es el vertedero de todos los fantasmas utópicos que no encuentran un punto de anclaje en nuestro mundo concreto, definitivamente privado de otros lugares, de un espacio virgen donde todo se volvería posible de nuevo. Es así como el ciberespacio considerado como la "nueva frontera", relevando los sueños suscitados por la conquista de tierras salvajes en el Oeste americano y luego, por la del cosmos que no tardó en pararse en seco. Intemet aparece igualmente como un mundo regido por la "economía del don", la realización de aspiraciones "anarco-comunistas" de los años sesenta:
"Incluso razones egoistas animan a la gente a convertirse en anarco-comunistas en el ciberespacio. Mediante su simple presencia, cada usuario aporta su contribución al conocimiento accesible a todos aquellos que está ya conectados. A cambio, cada individuo tiene potencialmente acceso a todas las informaciones que los otros usuarios han puesto a disposición en la Red. Cada uno saca de la Net mucho más de lo que podría dar jamás individualmente (... ) la economía del don y el sector comercial no pueden desarrollarse más que asociándose en el seno del ciberespacio. El libre intercambio de información entre los usuarios se apoya sobre la producción capitalista de ordenadores, de programas y de telecomunicaciones. En el seno de la economía mixta numérica, el anarco-comunismo vive también en simbiosis con el Estado. En la economía mixta de la Net, el anarco-comunismo se hace una realidad cotidiana." (Richard Barbrook, "L'économie du don high tech", ibid.)
Una vez más, la mano invisible está ahí para hacer que coincidan mágicamente los intereses egoístas y la prosperidad pública, y como prima la resolución de todas las contradicciones de nuestro mundo tristemente material: el capitalismo y la economía del don se estimulan mutuamente, el anarco-comunismo y el Estado trabajan en concierto... Es formidable, y es tanto más bonito porque no se trata, como en el cristianismo o las utopías clásicas, de una visión del porvenir, sino de un discurso que pretende describir una realidad ya existente; este país de cucaña existe, basta con conectarse para vivir ahí eternamente del amor y del agua fresca. Los "anarcocomunistas" que propagan esta ideología hacen a los promotores estatales e industriales de Internet un gran servicio, pues es precisamente al presentar Internet como ese nuevo "país de las maravillas" donde todo es gratuito que se crea en las personas la necesidad de equiparse del material informático necesario para conectarse, confiando en que una vez se hayan enganchado, ya no se les dejará en paz.
Cada nuevo útil de alienación neotecnológica se presenta, a partir de su lanzamiento, como un nuevo paso hacia la autonomía individual y la realización de todas las aspiraciones frustradas: con el teléfono móvil, uno es localizable allá donde se encuentra, uno está seguro de no estar nunca solo; con Internet, la verdadera vida está aquí, veinticuatro horas al día, de un modo más palpitante que la miserable vida cotidiana de los solteros de la middle class que son -junto con los niños - el "blanco" de la neotecnología. El aficionado de las especialidades pornográficas y el coleccionista de tarjetas postales que representan a la reina Victoria, el fanático de Los Vengadores y el fanático del tatuaje puede comunicar en "tiempo real" con sus semejantes repartidos por el vasto mundo. Como decía un anuncio reciente: "en Internet, usted es el único límite": efectivamente, hay que consagrar algunas horas a dormir de vez en cuando, con el riesgo de dejar de lado descubrimientos y conversaciones apasionantes. Y aquí está cómo la liberación prometida desemboca de nuevo en la "vergüenza prometeica" que describía Anders, nacida esta vez de la confrontación entre un simple mortal y una red supuestamente eterna e indestructible.
Pero los argumentos publicitarios que alaban los méritos del teléfono móvil o del ciberespacio no son más que uno de los aspectos de la "persuasión clandestina" que se ejerce. Así el teléfono móvil, ese apéndice "nómada" que sigue al individuo en todos sus desplazamientos supone más una pérdida que un incremento de autonomía. Desde el momento en que la posibilidad de ser localizable de forma permanente existe, esto se convierte en una obligación; en numerosas profesiones, es inconcebible no poder localizar a un "colaborador" en todo momento, donde él se encuentre. Y este instrumento - tanto como la tarjeta de crédito - es un eficaz medio de vigilancia de los desplazamientos de un individuo, lo que no ha pasado inadvertido por la policía. La numerización de centrales telefónicas permite rastrear inmediatamente el origen de la menor llamada y de memorizar muy fácilmente el contenido mismo de las comunicaciones (cf. el delirante sistema de control por todas partes de las conversaciones intercambiadas por teléfono y a través de Internet, puesto a punto por los americanos bajo el nombre de "Echelon"); se puede además comprar, por medio de Internet, dispositivos de escucha telefónica teóricamente ilegales, de fácil instalación. Internet, por su parte, es un sistema de control también eficaz. Los sitios visitados dejan incluso una huella en el ordenador del internauta: estos "chivatos electrónicos" llamados cookies son ficheros informáticos que sirven para formar bases de datos, utilizados por los publicitarios para hacer ofertas "objetivo" en función del "perfil" de los usuarios. Y el internauta aprende rápidamente que lo gratuito se paga: pues no es solamente Internet lo que no es gratuito - contrariamente a lo que cree la gente que lo utilizan en su lugar de trabajo, olvidando de hecho que no "sortean" gratuitamente sino porque sus jefes corren con los gastos de conexión, abonado a los servicios de pago, etc... -, sino incluso los sitios aparentemente "gratuitos" son en realidad financiados por una publicidad invasora, con incrustaciones en colores intermitentes, inestables (y que, sin duda, serán pronto sonoros), de los que es difícil abstraerse. Un operador telefónico propone igualmente, desde hace tiempo, ofrecer comunicaciones gratuitas a sus clientes, interrumpiéndose las conversaciones a intervalos regulares por los mensajes publicitarios. En fin, no hay que olvidar que los promotores del teléfono móvil y de Internet hacen, al principio, dumping, es decir que venden sus servicios a fondo perdido; para "crear un mercado" susceptible de alcanzar rápidamente la "talla crítica" que permita prever una rentabilidad comercial, habrá hecho falta lanzar a un precio bajo los productos, según la conocida fórmula del precio de reclamo. Una vez estos productos entran en los hábitos y se instala de forma durable su "necesidad", los precios subirán inevitablemente, como ocurre siempre en el caso de que se forme un mercado cautivo.
Detrás de la aparente libertad de elección concedida a los individuos para equiparse o no de estos productos, se perfila ya un verdadero contrato social. Como lo indican los autores de un libro reciente, "se ha convertido en un imperativo para todo individuo el comprender las posibilidades ofrecidas por las tecnologías de tratamiento de la información y de la comunicación". Se trata de "posibilidades" - lo que supone en teoría, una libertad de elección -, pero es "imperativo" ponerlas en marcha; dicho de otro modo, no hay elección. Igualmente, no ha habido nunca una ley que obligara a quien fuera a tener una cuenta en el banco, una chequera o un automóvil; pero quien quisiera pasarse hoy día sin ellos (salvo, en el caso del coche, algunos habitantes del centro urbano) se expone a tantos sinsabores que deberá renunciar a intentarlo, a menos que desee apartarse deliberadamente de toda vida social. Los mismos autores describen de igual manera, en un tono distante y descriptivo despojado de toda veleidad crítica, la omnipresencia de la informática en la vida de los individuos, desde su concepción:
"Antes incluso de su nacimiento, el niño existe a través de herramientas informáticas como la ecografía. Desde su llegada al mundo, está inscrito en los registros de la maternidad, antes de encontrar su existencia social a través de un registro en los ficheros del registro civil. Su nombre y apellidos le identifican en el seno de una familia y una comunidad. Así, existe a través de informaciones que le representan. Su vida está balizada por datos informáticos que le conciernen (edad, sexo, dirección, número de la Seguridad Social, etc.) y que son manipulados por terceros (escuela, biblioteca, centro polideportivo, médico de cabecera, agencia de viajes, banco, etc.)."
Y el temor de ver desarrollarse la "franja no desdeñable de la población que se encuentra excluída de la revolución informática" - inversión notable, ya que es en realidad la mayoría de la población la que se designa con este término de "franja" - motiva "la generalización de la enseñanza de la informática en las escuelas", lo que confirma el carácter voluntarista y obligatorio de la participación en la "revolución informática". Los padres o los niños que no quieran someterse serán considerados como antisociales y sufrirán las consecuencias jurídicas y psiquiátricas por su obstinación; la criminalización de la "resistencia al cambio técnico" se hará en nombre del control social y de la lucha contra la exclusión:
"Agentes de policía requeridos para dar una clase en una escuela de Largo (Florida) han puesto sin dudarlo las esposas a una niña de seis años que se negaba a ver un video sobre la prevención del crimen. Como la niña gritaba, daba patadas y lanzaba su oso de peluche contra el televisor, las fuerzas del orden la han "agarrado" y colocado por algunas horas, en un centro para delincuentes menores. "La pequeña ha sido ya regañada por mala conducta", ha explicado al diario americano Tampa Tribune el director de la escuela, sobre quien la niña había también escupido". (Le Monde, 26 de abril de 1997.)
La coacción se pone la máscara de la benevolencia humanitaria: se justifica de forma parecida la descodificación del genoma humano por la prioridad humanitaria absoluta que constituirá la puesta en marcha de terapias génicas, incluso si éstas no son, por el momento, más que una proyección intelectual. Así se opera un condicionamiento que, preservando la apariencia del consenso, se presenta como una fatalidad contra la cual será ilusorio pretender luchar.