Ecologistas en Acción - Alcalá de Henares

Alcalá de Henares y su Tierra
 
La Tierra de las 25 villas
 


Daganzo de Arriba


Escudo de Daganzo de Arriba



Orígenes e Historia


Tras primitivos poblamientos en tiempos visigodos, a caballo entre los términos de Alcalá y Daganzo (hablamos de ello más abajo), el primer asentamiento documentado se encontraba en las márgenes del río de Torote, donde actualmente se halla la ermita de Nuestra Señora del Espino. En ese paraje aún se encuentran restos de edificaciones. Era un lugar estratégico, pues cercano a él discurría por entonces el camino de Talamanca, importante vía de comunicaciones que enlazaba con Alcalá de Henares.

Tras la Reconquista, la tierra fue replobada con colonos, a finales del siglo XII y principios del siglo XIII, al igual que se hizo con otros pueblos de la Tierra. Por entonces, se fundó el pueblo en el mismo lugar donde hoy se encuentra, perdiendo importancia paulatinamente el primer asentimiento, hasta su desaparición definitiva.

En el año de 1469, Enrique IV, rey Castilla, concedió a D. Lorenzo Suárez de Figueroa el condado de Coruña (pequeño pueblo en las riberas del río Duero) así como el Señorío de Daganzo, llevando también anejos los terrenos del primer asentamiento. Estos privilegios fueron posteriormente confirmados por los Reyes Católicos, en 1480, a su hijo, D. Bernardino de Mendoza y Borbón, II Conde de Coruña y también señor de Daganzo.

En 1580, según consta en las Relaciones Topográficas de Felipe II, el nombre de la población era simplemente Daganzo. En esas Relaciones se lee también que la población más cercana, hacia el Sur, era la villa original de Daganzuelo. En 1586, D. Juan Vaca de Herrera compró la villa de Daganzuelo y cambió su nombre por el de Daganzo de Abajo, que le debió gustar más. Sin embargo, el antiguo nombre, Daganzuelo, no cayó en desuso. Algún documento de 1598, posterior al cambio de nombre, continúa refiriéndose a D. Juan Vaca de Herrera como el “señor de la villa de Daganzuelo”. Desde entonces, se ha hecho referencia a la hoy desaparecida población con los nombres de Daganzuelo o Daganzo de Abajo, indistintamente, siendo éste último el nombre oficial. Evidentemente, con ese cambio casi no quedó otra alternativa que empezar a utilizar el apellido "de Arriba" para el otro Daganzo, que es el que mantiene en la actualidad.

El Almazanejo

A partir del año 1542 se produjo un aumento de población y mejora de la economía agrícola, al concederse por el III conde de Coruña y señor de Daganzo, D. Alonso Suárez de Mendoza y Sotomayor, a través de un censo enfitéutico (enfiteusis: "cesión perpetua o por largo tiempo del dominio útil de un inmueble, mediante el pago anual de un canon y de laudemio por cada enajenación de dicho dominio" RAE), la explotación agrícola y ganadera de los terrenos del Almazanejo, a favor del Concejo y Común de vecinos de la villa. Por este acto, quedaban obligados a pagar al titular del Señorío y sus sucesores, 'cuatrocientas fanegas de pan, trigo y cebada por mitad, bueno, limpio, enjunto, de dar y tomar y ventiséis gallinas vivas y buenas de dar y tomar'. Las Relaciones de Felipe II lo narran así: "hubo un pueblo en la jurisdicción de esta villa, que se dice Almazanejo, y que al presente está despoblado, la causa por qué se despobló fue que el dicho señor conde de Coruña, señor de esta dicha villa y de Almazanejo, tenía en el dicho lugar de Almazanejo como veinte vecinos poco más o menos, que labraban ciertas heredades del dicho señor conde, y después el dicho señor conde y la dicha villa de Daganzo se concertaron en que las tomó la dicha villa a censo, y por esta causa se fueron los vecinos que en el dicho lugar de Almazanejo había, y hay una dehesa en el dicho lugar de Almazanejo con un ejido, lo cual asimismo está metido con las dichas tierras en el dicho censo". Está dicho.

El Almazanejo fue repartido entre los vecinos de Daganzo, en parcelas de cinco fanegas, adjudicándose cada una por sorteo. El tiempo de aprovechamiento era de diez años, pagándose el censo en especie. La fecha de pago era el 15 de agosto de cada año. Un sistema que ha permanecido vigente hasta nuestros días, con la diferencia de variar la superficie de cada parcela, al aumentar la población. En el año 1978, se procedió a redimir el censo pagando 2.750.000 pesetas, a los actuales herederos. Las tierras del Censo del Almazanejo quedaron como bienes comunales. Desde entonces, el Ayuntamiento de Daganzo, actual titular, quedó como el propietario más importante del término, consiguiéndose con ello hacer realidad una aspiración: que el pueblo fuese pleno propietario del Almazanejo.

Datos y Geografía

Daganzo de Arriba pertenece a la Comunidad de Madrid, situado en la Comarca de Alcalá, al Noroeste de la provincia, a 11 km de Alcalá de Henares y 30 km de Madrid. El casco urbano se encuentra rodeado de pequeños cerros. De Norte a Sur, atraviesa el término el río Torote, al Este, en cuyas márgenes se ubicaba el primer asentamiento y donde se mantiene la ermita de Nuestra Señora del Espino; también cruza el término el arroyo Valseco. El término municipal linda al Norte con Algete, Valdeolmos y Fresno del Torote; al Este, con Camarma de Esteruelas; al Sureste, con Alcalá de Henares; al Sur, con Torrejón de Ardoz y Ajalvir; y al Oeste, de nuevo con Ajalvir, además de Cobeña. A comienzos de los años 70 del siglo XX, se contabilizaban unos 700 habitantes. En 2007 ya eran 7.895 habitantes, para una superficie de 43,8 Km². Su altitud es de 673 metros sobre el nivel del mar.

En las Relaciones de Felipe II se indicaba que, para el siglo XVI, esta era tierra de labranza; de trigo, cebada, avena y centeno. En ganado, se criaban 'becerros, potrancos, lechones, borricos y ovejas'. Vino, fruta y aceite se producían, pero en pequeñas cantidades, por lo que estos alimentos se solían traer de fuera. En el siglo XIX Andrés Marín se quejaba "del lamentable estado en que se encuentra la agricultura". Entonces no había ni una sola hectárea de regadío, señalaba, pese a cruzar el término el río Torote, y un arroyo (el Canal) por el propio núcleo urbano. La ganadería se encontraba en mejor situación para ese siglo, contabilizándose 20 cabezas de ganado caballar, 32 de asnal y 198 de mular, dedicadas todas ellas a labores del campo; además, se disponía de 4.985 cabezas de lanar y unos 1.000 pares de palomas.

Actualmente, su economía principal ya no es la agricultura, ni siquiera la ganadería, sino
el sector servicios, seguido en importancia por la industria y la construcción.

La ZEPA 139

Un valor muy especial del término municipal de Daganzo de Arriba es hallarse enclavado en la Zona de Especial Protección de Aves, catalogada con el nº 139, de "Estepas Cerealistas de los ríos Jarama y Henares". La principal característica de esta ZEPA está en la antropización del terreno, debido a "los cultivos de cereal que se extienden por los 18 municipios que forman parte de ella".

Con el retroceso y abandono progresivo de la agricultura, este tipo de ecosistemas peligran, siendo en ocasiones su mayor amenaza la urbanización y construcción de infraestructuras. Son terrenos muy apetecibles para los promotores y especuladores. No siempre se ve con claridad la importancia que tiene el mantenimiento de la agricultura, de los usos tradicionales debidamente actualizados, incentivando y ayudando a esta actividad. Solo de esa manera se podrá perpetuar la necesaria coexistencia entre el ser humano y la avifauna que, como en el caso de la muy vulnerable avutarda, necesita de estos ecosistemas para subsistir. Unos valores no siempre bien ponderados pero que, de perderse, supondrían una merma importante, lamentable, irreparable.

Monumentos y Fiestas

La iglesia de Daganzo se encuentra bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción de la Virgen María. Ubicada en la Plaza de la Villa, sobre un promontorio que antaño fue el centro geográfico de Daganzo, está orientada en dirección Este-Oeste, como era costumbre, quedando la cabecera en dirección Este y los pies de la Iglesia, al Oeste.

Su edificación primera es de finales del siglo XII o principios del XIII, como muestran su base mudéjar y los primeros cuerpos de la torre. Pero ha sido reconstruida en sucesivas ocasiones, a lo largo del tiempo. Sobre la primitiva iglesia de única nave, rehecha, en el siglo XVIII se construye una nueva nave lateral, la de la Epístola, y se proyecta la tercera nueva nave (levantada entre 1777 y 1778). Su interior actual consta, pues, de tres naves, con cuatro tramos separados por dos hiladas de pilastras que sujetan arcos de medio punto; la nave central tiene bóveda de cañón, mientras que las naves laterales constan de bóvedas de arista, separadas entre sí por arcos de medio punto.

A los pies de la iglesia, se sitúa la escalera de acceso al campanario de la torre. En la nave central se halla el retablo, de grandes proporciones, dedicado a la titular Virgen de la Asunción. En la nave lateral izquierda, se encuentra una pequeña capilla, cuadrangular, dedicada al Cristo de la Luz. Y en la nave de la derecha, la imagen de Nuestra Señora del Espino.

La Ermita de Nuestra Señora del Espino se encuentra a 4 km de la villa, en las tierras denominadas Almazanejo, junto al primer asentamiento de Daganzo, del que todavía se conservan algunos vestigios.
Construida casi en su totalidad en ladrillo, presenta seis contrafuertes a cada lado. Su interior, austero, es de un solo cuerpo, con bóveda. En la cabecera, una pequeña cúpula. La ermita llegó a estar prácticamente derruida, casi abandonada. La recuperada situación actual se debe al arduo trabajo de los vecinos de la villa, que se ofrecieron a trabajar en festivos para su restauración.

Hubo algunas ermitas más, según datos del siglo XVI: las de San Sebastián y la de San Miguel, además de un humilladero, que era la ermita de la Cofradía de la Santa Vera Cruz. Posiblemente hubo cambio de advocaciones, pues en el siglo XVIII se citan las ermitas de San Roque, la de Nuestra Señora de Gracia y la de Nuestra Señora de la Soledad. Todas ellas han desaparecido al día de hoy.

Dentro de las fiestas más destacables de Daganzo, se halla el Viernes Santo. A las diez de la noche, se celebra una representación de los últimos días de Jesucristo, desde el Domingo de Ramos hasta la Resurreción. Todos los actores son habitantes de la villa. Para este espectáculo se habilitan diferentes espacios públicos.

El último fin de semana de agosto es la celebración del Cristo de la Luz. Tras los preparativos, tiene lugar la misa mayor y una procesión, que recorre las calles del núcleo urbano; también se realizan otras actividades lúdicas, lo que incluye encierros. El sábado de la segunda semana de septiembre es la romería de la Ermita de la Virgen del Espino. La noche del viernes se acampa en las inmediaciones de la ermita, esperando la llegada de la procesión el sábado, desde la iglesia de la Asunción, donde se guarda la imagen el resto del año. Tras la subasta de las andas y una ofrenda floral, se degusta la tradicional caldereta de carne de toro.

Una tradición que no falta en Daganzo es la del Mayo. Antiguamente eran los quintos, los mozos llamados a filas ese año, quienes salían la madrugada del 1 de mayo a cortar un árbol grande, derecho, para ponerlo enhiesto en la plaza. Ese árbol es "el Mayo". Además
, cada mozo ponía un "Mayo" más pequeño, a su novia, o a la chica que quisiera conquistar, con regalos colgados de él. A ver si sonaba la flauta... Más tarde, se rondaba a las muchachas del pueblo por las casas, cantando jotas castellanas y seguidillas; tradición esta que, lamentablemente, se ha ido perdiendo.

Necrópolis visigoda

Encontrada de manera fortuita, un 11 de octubre de 1929, "cuando un carro cargado de semillas transitaba por el camino que existe de la finca llamada "La Heredad" a la actual carretera M-118, que va desde Alcalá de Henares a Daganzo de Arriba.
Esto fue debido a las lluvias padecidas durante siglos, y al uso de dicho camino, que bajó de nivel por causa del tránsito, dejando al descubierto una losa de piedra. Con el peso del carro se quebró, quedando a la vista una sepultura de la que se ignoraba en aquel momento su procedencia. Uno de los dueños de la finca de donde procedía el carro, llamado Saturio Fernández Godín, natural y vecino que fue de esta villa de Daganzo, en colaboración de José Pérez Barradas, realizaron las averiguaciones necesarias sobre este descubrimiento, que les llevaron a la conclusión de que se trataba de una sepultura visigoda".

La primera sepultura descubierta estaba formada por grandes losas. En todas las sepulturas localizadas aparecieron restos humanos, en distinto estado de conservación. Los yacimientos se encuentran en el valle del río Torote, entre los términos de Daganzo de Arriba y Alcalá de Henares, en una loma intermedia entre los ribazos del río. En la misma finca, en el lugar de Pierdecasas, en la vertiente izquierda del río, a poca distancia de la necrópolis, aparecieron tres sepulturas más antiguas, en el acantilado del río.

En toda esta zona aparecieron restos de muros gruesos de mortero y pavimento de ladrillo, así como restos de construcciones y fragmentos cerámicos de terra sigilata (de cronología romana). En las excavaciones se encontraron en total treinta y cinco sepulturas. Algunas de ellas formaban lo que se interpreta como 'panteones familiares'. Las sepulturas que aparecieron junto al camino, se hallaban muy cercanas al nivel del suelo, probablemente por la erosión y tránsito; conforme se descendía en dirección al río, las sepulturas eran más profundas, algunas incluso a dos metros de la superficie. Se constató una cierta alineación en las sepulturas, sobre todo en los 'panteones'.

Se encontraron numerosos objetos, provenientes de los ajuares de las sepulturas: sortijas de oro formadas en aro de láminas gruesas y lisas, espadas, puñales, lanzas, cuchillos, tijeras, pinzas, asas de escudo, clavos, vasijas de bronce, de cerámica, así como jarros de diferentes tamaños. La necrópolis fue datada en el siglo VII. Evidentemente, si había una necrópolis, cerca debía hallarse un núcleo poblado, posiblemente una guarnición militar cercana al río y a la importante vía de comunicación existente. Es de esperar que el futuro siga mostrando nuevos hallazgos.

'Las piezas más interesantes se encuentran en el Museo Municipal de Madrid: una espada con incrustaciones de plata y algunos objetos de ajuar. En el Museo Arqueológico Nacional están depositados el resto de los objetos hallados.'

El Globo

En el anecdotario de Daganzo, no puede faltar un hecho sorprendente, a la par que novedoso.

Era una tarde cualquiera de pleno verano, el 12 de agosto de 1792. En los jardines del Buen Retiro, en Madrid, con la asistencia de la Corte presidida por los reyes Carlos IV y Mª Luisa de Parma, se elevó tras un primer y fallido intento en Aranjuez, un globo aerostático, tripulado por el diplomático italiano D. Vicenzo Lunardi. El ligero viento que soplaba condujo al globo, en aquellos entonces sin posibilidad de poder controlar su rumbo, a las inmediaciones de Daganzo de Arriba, a unas cinco leguas de Madrid. Los daganceños fueron, sin quererlo, los improvisados protagonistas de esta parte de la historia.

Ocupados como debían estar en las labores del campo, o en lo que hubiera menester, de pronto otearon en el cielo, por encima suyo, un objeto que les era totalmente desconocido. No solo eso, sino que el objeto en cuestión empezaba a perder altura, acercándoseles. Si nos ponemos en su piel, podemos imaginarnos el susto, aprensión, la tremenda sorpresa que aquello pudo causar. Algo nunca visto antes; no solo en Daganzo.
Al extenderse la noticia, al lugar del aterrizaje se dirigieron presurosas las gentes del lugar. Estaba tan solo 'a media legua pequeña del pueblo'.

Comprobando que en su interior se encontraba un ser humano, de carne y hueso, que debió deshacerse en mil explicaciones (le imaginamos con un dominio suficiente del castellano), los lugareños consiguieron llevar el globo con la ayuda de caballerías hasta el pueblo. Allí agasajaron al señor Lunardi, de la mejor manera en la que se puede hacer con un mortal que tenga buen paladar: con chocolate. El lugar del inaudito aterrizaje, desde entonces hasta el día de hoy, se conoce con el nombre de "El Globo".

Etimología

Referente al nombre, Daganzo, hay diferentes versiones. Algunos autores lo hacen derivar de la palabra latina dagentium, de ascendencia prerromana; de la que desconocemos su posible significado. Otras hipótesis señalan a la palabra árabe taga, "hilada o capa; cada una de las líneas horizontales que forman los ladrillos en el horno para cocerlos". Otra versión asegura que el topónimo se origina en daca, "daga" en castellano.

El apellido de Arriba, como ya hemos visto, viene dado por su situación geográfica, para diferenciarlo del original Daganzo de Abajo, o Daganzuelo. Y Daganzuelo es, evidente y curiosamente, un diminutivo previo de Daganzo.

El gentilicio del habitante de Daganzo es daganceño.


JR - Diciembre 2008


Página oficial del Ayuntamiento de Daganzo de Arriba




Informaciones obtenidas y extractadas de diferentes fuentes, principalmente de la
página web del Ayuntamiento y de "Entre el Jarama y el Torote. (El Valle del Henares II).



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