Daganzo de Arriba

Escudo de Daganzo de Arriba
Orígenes e Historia
Tras primitivos poblamientos en tiempos visigodos, a caballo entre los
términos de Alcalá y Daganzo (hablamos de ello más
abajo), el primer asentamiento documentado se encontraba en las márgenes
del río de Torote, donde actualmente se halla la ermita de Nuestra
Señora del Espino. En ese paraje aún se encuentran restos
de edificaciones. Era un lugar estratégico, pues cercano a él
discurría por entonces el camino de Talamanca, importante vía
de comunicaciones que enlazaba con Alcalá de Henares.
Tras la
Reconquista, la tierra fue replobada con colonos, a finales del siglo
XII y principios del siglo XIII, al igual que se hizo con otros pueblos
de la Tierra. Por entonces, se fundó el pueblo en el mismo lugar
donde hoy se encuentra, perdiendo importancia paulatinamente el primer
asentimiento, hasta su desaparición definitiva.
En el año
de 1469, Enrique IV, rey Castilla, concedió a D. Lorenzo Suárez
de Figueroa el condado de Coruña (pequeño pueblo en las
riberas del río Duero) así como el Señorío
de Daganzo, llevando también anejos los terrenos del primer asentamiento.
Estos privilegios fueron posteriormente confirmados por los Reyes Católicos,
en 1480, a su hijo, D. Bernardino de Mendoza y Borbón, II Conde
de Coruña y también señor de Daganzo.
En 1580,
según consta en las Relaciones Topográficas de Felipe
II, el nombre de la población era simplemente Daganzo. En
esas Relaciones se lee también que la población
más cercana, hacia el Sur, era la villa original de Daganzuelo.
En
1586, D. Juan Vaca de Herrera compró la villa de Daganzuelo y
cambió su nombre por el de Daganzo de Abajo, que le debió
gustar más. Sin embargo, el antiguo nombre, Daganzuelo, no cayó
en desuso. Algún documento de 1598, posterior al cambio de nombre,
continúa refiriéndose a D. Juan Vaca de Herrera como el
“señor de la villa de Daganzuelo”. Desde
entonces, se ha hecho referencia a la hoy desaparecida población
con los nombres de Daganzuelo o Daganzo de Abajo, indistintamente, siendo
éste último el nombre oficial. Evidentemente, con ese
cambio casi no quedó otra alternativa que empezar a utilizar
el apellido "de Arriba" para el otro Daganzo, que es el que
mantiene en la actualidad.
El Almazanejo
A partir del año 1542 se produjo un aumento de población
y mejora de la economía agrícola, al concederse por el
III conde de Coruña y señor de Daganzo, D. Alonso Suárez
de Mendoza y Sotomayor, a través de un censo enfitéutico
(enfiteusis: "cesión perpetua o por largo tiempo del
dominio útil de un inmueble, mediante el pago anual de un canon
y de laudemio por cada enajenación de dicho dominio"
RAE), la explotación agrícola y ganadera de los terrenos
del Almazanejo, a favor del Concejo y Común de vecinos de la
villa. Por este acto, quedaban obligados a pagar al titular del Señorío
y sus sucesores, 'cuatrocientas fanegas de pan, trigo y cebada por
mitad, bueno, limpio, enjunto, de dar y tomar y ventiséis gallinas
vivas y buenas de dar y tomar'. Las Relaciones de Felipe II
lo narran así: "hubo un pueblo en la jurisdicción
de esta villa, que se dice Almazanejo, y que al presente está
despoblado, la causa por qué se despobló fue que el dicho
señor conde de Coruña, señor de esta dicha villa
y de Almazanejo, tenía en el dicho lugar de Almazanejo como veinte
vecinos poco más o menos, que labraban ciertas heredades del
dicho señor conde, y después el dicho señor conde
y la dicha villa de Daganzo se concertaron en que las tomó la
dicha villa a censo, y por esta causa se fueron los vecinos que en el
dicho lugar de Almazanejo había, y hay una dehesa en el dicho
lugar de Almazanejo con un ejido, lo cual asimismo está metido
con las dichas tierras en el dicho censo". Está dicho.
El Almazanejo
fue repartido entre los vecinos de Daganzo, en parcelas de cinco fanegas,
adjudicándose cada una por sorteo. El tiempo de aprovechamiento
era de diez años, pagándose el censo en especie. La fecha
de pago era el 15 de agosto de cada año. Un sistema que ha permanecido
vigente hasta nuestros días, con la diferencia de variar la superficie
de cada parcela, al aumentar la población. En
el año 1978, se procedió a redimir el censo pagando 2.750.000
pesetas, a los actuales herederos. Las tierras del Censo del Almazanejo
quedaron como bienes comunales. Desde entonces, el Ayuntamiento de Daganzo,
actual titular, quedó como el propietario más importante
del término, consiguiéndose con ello hacer realidad una
aspiración: que el pueblo fuese pleno propietario del Almazanejo.
Datos y Geografía
Daganzo
de Arriba pertenece a la Comunidad de Madrid, situado en la Comarca
de Alcalá, al Noroeste de la provincia, a 11 km de Alcalá
de Henares y 30 km de Madrid. El casco urbano se encuentra rodeado de
pequeños cerros. De Norte a Sur, atraviesa el término
el río Torote, al Este, en cuyas márgenes se ubicaba el
primer asentamiento y donde se mantiene la ermita de Nuestra Señora
del Espino; también cruza el término el arroyo Valseco.
El término municipal linda al Norte con Algete, Valdeolmos y
Fresno del Torote; al Este, con Camarma de Esteruelas; al Sureste, con
Alcalá de Henares; al Sur, con Torrejón de Ardoz y Ajalvir;
y al Oeste, de nuevo con Ajalvir, además de Cobeña. A
comienzos de los años 70 del siglo XX, se contabilizaban unos
700 habitantes. En 2007 ya eran 7.895 habitantes, para una superficie
de 43,8 Km². Su altitud es de 673 metros sobre el nivel del mar.
En las Relaciones de Felipe II se indicaba que, para el siglo
XVI, esta era tierra de labranza; de trigo, cebada, avena y centeno.
En ganado, se criaban 'becerros, potrancos, lechones, borricos y
ovejas'. Vino, fruta y aceite se producían, pero en pequeñas
cantidades, por lo que estos alimentos se solían traer de fuera.
En el siglo XIX Andrés Marín se quejaba "del
lamentable estado en que se encuentra la agricultura". Entonces
no había ni una sola hectárea de regadío, señalaba,
pese a cruzar el término el río Torote, y un arroyo (el
Canal) por el propio núcleo urbano. La ganadería se encontraba
en mejor situación para ese siglo, contabilizándose 20
cabezas de ganado caballar, 32 de asnal y 198 de mular, dedicadas todas
ellas a labores del campo; además, se disponía de 4.985
cabezas de lanar y unos 1.000 pares de palomas.
Actualmente, su economía principal ya no es la agricultura, ni
siquiera la ganadería, sino
el sector servicios, seguido en importancia por la industria y la construcción.
La
ZEPA 139
Un
valor muy especial del término municipal de Daganzo de Arriba
es hallarse enclavado en la Zona de Especial Protección de Aves,
catalogada con el nº 139, de "Estepas Cerealistas de los ríos
Jarama y Henares". La principal característica de esta ZEPA
está en la antropización del terreno, debido a "los
cultivos de cereal que se extienden por los 18 municipios que forman
parte de ella".
Con el retroceso y abandono progresivo de la agricultura, este tipo
de ecosistemas peligran, siendo en ocasiones su mayor amenaza la urbanización
y construcción de infraestructuras. Son terrenos muy apetecibles
para los promotores y especuladores. No siempre se ve con claridad la
importancia que tiene el mantenimiento de la agricultura, de los usos
tradicionales debidamente actualizados, incentivando y ayudando a esta
actividad. Solo de esa manera se podrá perpetuar la necesaria
coexistencia entre el ser humano y la avifauna que, como en el caso
de la muy vulnerable avutarda, necesita de estos ecosistemas para subsistir.
Unos valores no siempre bien ponderados pero que, de perderse, supondrían
una merma importante, lamentable, irreparable.
Monumentos y Fiestas
La iglesia de Daganzo se encuentra bajo la advocación de Nuestra
Señora de la Asunción de la Virgen María. Ubicada
en la Plaza de la Villa, sobre un promontorio que antaño fue
el centro geográfico de Daganzo, está orientada en dirección
Este-Oeste, como era costumbre, quedando la cabecera en dirección
Este y los pies de la Iglesia, al Oeste.
Su edificación
primera es de finales del siglo XII o principios del XIII, como muestran
su base mudéjar y los primeros cuerpos de la torre. Pero ha sido
reconstruida en sucesivas ocasiones, a lo largo del tiempo. Sobre la
primitiva iglesia de única nave, rehecha, en el siglo XVIII se
construye una nueva nave lateral, la de la Epístola, y se proyecta
la tercera nueva nave (levantada entre 1777 y 1778). Su interior actual
consta, pues, de tres naves, con cuatro tramos separados por dos hiladas
de pilastras que sujetan arcos de medio punto; la nave central tiene
bóveda de cañón, mientras que las naves laterales
constan de bóvedas de arista, separadas entre sí por arcos
de medio punto.
A los pies
de la iglesia, se sitúa la escalera de acceso al campanario de
la torre. En la nave central se halla el retablo, de grandes proporciones,
dedicado a la titular Virgen de la Asunción. En la nave lateral
izquierda, se encuentra una pequeña capilla, cuadrangular, dedicada
al Cristo de la Luz. Y en la nave de la derecha, la imagen de Nuestra
Señora del Espino.
La Ermita de Nuestra Señora del Espino se encuentra a 4 km de
la villa, en las tierras denominadas Almazanejo, junto al primer asentamiento
de Daganzo, del que todavía se conservan algunos vestigios. Construida
casi en su totalidad en ladrillo, presenta seis contrafuertes a cada
lado. Su interior, austero, es de un solo cuerpo, con bóveda.
En la cabecera, una pequeña cúpula. La
ermita llegó a estar prácticamente derruida, casi abandonada.
La recuperada situación actual se debe al arduo trabajo de los
vecinos de la villa, que se ofrecieron a trabajar en festivos para su
restauración.
Hubo algunas ermitas más, según datos del siglo XVI: las
de San Sebastián y la de San Miguel, además de un humilladero,
que era la ermita de la Cofradía de la Santa Vera Cruz. Posiblemente
hubo cambio de advocaciones, pues en el siglo XVIII se citan las ermitas
de San Roque, la de Nuestra Señora de Gracia y la de Nuestra
Señora de la Soledad. Todas ellas han desaparecido al día
de hoy.
Dentro de las fiestas más destacables de Daganzo, se halla el
Viernes Santo. A las diez de la noche, se celebra una representación
de los últimos días de Jesucristo, desde el Domingo de
Ramos hasta la Resurreción. Todos los actores son habitantes
de la villa. Para este espectáculo se habilitan diferentes espacios
públicos.
El último
fin de semana de agosto es la celebración del Cristo de la Luz.
Tras los preparativos, tiene lugar la misa mayor y una procesión,
que recorre las calles del núcleo urbano; también se realizan
otras actividades lúdicas, lo que incluye encierros. El sábado
de la segunda semana de septiembre es la romería de la Ermita
de la Virgen del Espino. La noche del viernes se acampa en las inmediaciones
de la ermita, esperando la llegada de la procesión el sábado,
desde la iglesia de la Asunción, donde se guarda la imagen el
resto del año. Tras la subasta de las andas y una ofrenda floral,
se degusta la tradicional caldereta de carne de toro.
Una tradición que no falta en Daganzo es la del Mayo. Antiguamente
eran los quintos, los mozos llamados a filas ese año, quienes
salían la madrugada del 1 de mayo a cortar un árbol grande,
derecho, para ponerlo enhiesto en la plaza. Ese árbol es "el
Mayo". Además,
cada mozo ponía un "Mayo" más pequeño,
a su novia, o a la chica que quisiera conquistar, con regalos colgados
de él. A ver si sonaba la flauta... Más
tarde, se rondaba a las muchachas del pueblo por las casas, cantando
jotas castellanas y seguidillas; tradición esta que, lamentablemente,
se ha ido perdiendo.
Necrópolis visigoda
Encontrada de manera fortuita, un 11 de octubre de 1929, "cuando
un carro cargado de semillas transitaba por el camino que existe de
la finca llamada "La Heredad" a la actual carretera M-118,
que va desde Alcalá de Henares a Daganzo de Arriba. Esto
fue debido a las lluvias padecidas durante siglos, y al uso de dicho
camino, que bajó de nivel por causa del tránsito, dejando
al descubierto una losa de piedra. Con el peso del carro se quebró,
quedando a la vista una sepultura de la que se ignoraba en aquel momento
su procedencia. Uno de los dueños de la finca de donde procedía
el carro, llamado Saturio Fernández Godín, natural y vecino
que fue de esta villa de Daganzo, en colaboración de José
Pérez Barradas, realizaron las averiguaciones necesarias sobre
este descubrimiento, que les llevaron a la conclusión de que
se trataba de una sepultura visigoda".
La primera
sepultura descubierta estaba formada por grandes losas. En todas las
sepulturas localizadas aparecieron restos humanos, en distinto estado
de conservación. Los
yacimientos se encuentran en el valle del río Torote, entre los
términos de Daganzo de Arriba y Alcalá de Henares, en
una loma intermedia entre los ribazos del río. En
la misma finca, en el lugar de Pierdecasas, en la vertiente izquierda
del río, a poca distancia de la necrópolis, aparecieron
tres sepulturas más antiguas, en el acantilado del río.
En toda
esta zona aparecieron restos de muros gruesos de mortero y pavimento
de ladrillo, así como restos de construcciones y fragmentos cerámicos
de terra sigilata (de cronología romana). En
las excavaciones se encontraron en total treinta y cinco sepulturas.
Algunas de ellas formaban lo que se interpreta como 'panteones familiares'.
Las sepulturas que aparecieron junto al camino, se hallaban muy cercanas
al nivel del suelo, probablemente por la erosión y tránsito;
conforme se descendía en dirección al río, las
sepulturas eran más profundas, algunas incluso a dos metros de
la superficie. Se constató una cierta alineación en las
sepulturas, sobre todo en los 'panteones'.
Se encontraron
numerosos objetos, provenientes de los ajuares de las sepulturas: sortijas
de oro formadas en aro de láminas gruesas y lisas, espadas, puñales,
lanzas, cuchillos, tijeras, pinzas, asas de escudo, clavos, vasijas
de bronce, de cerámica, así como jarros de diferentes
tamaños. La
necrópolis fue datada en el siglo VII. Evidentemente, si había
una necrópolis, cerca debía hallarse un núcleo
poblado, posiblemente una guarnición militar cercana al río
y a la importante vía de comunicación existente. Es de
esperar que el futuro siga mostrando nuevos hallazgos.
'Las piezas
más interesantes se encuentran en el Museo Municipal de Madrid:
una espada con incrustaciones de plata y algunos objetos de ajuar. En
el Museo Arqueológico Nacional están depositados el resto
de los objetos hallados.'
El
Globo
En el anecdotario de Daganzo, no puede faltar un hecho sorprendente,
a la par que novedoso.
Era una
tarde cualquiera de pleno verano, el 12 de agosto de 1792. En los jardines
del Buen Retiro, en Madrid, con la asistencia de la Corte presidida
por los reyes Carlos IV y Mª Luisa de Parma, se elevó tras
un primer y fallido intento en Aranjuez, un globo aerostático,
tripulado por el diplomático italiano D. Vicenzo Lunardi. El
ligero viento que soplaba condujo al globo, en aquellos entonces sin
posibilidad de poder controlar su rumbo, a las inmediaciones de Daganzo
de Arriba, a unas cinco leguas de Madrid. Los daganceños fueron,
sin quererlo, los improvisados protagonistas de esta parte de la historia.
Ocupados como debían estar en las labores del campo, o en lo
que hubiera menester, de pronto otearon en el cielo, por encima suyo,
un objeto que les era totalmente desconocido. No solo eso, sino que
el objeto en cuestión empezaba a perder altura, acercándoseles.
Si nos ponemos en su piel, podemos imaginarnos el susto, aprensión,
la tremenda sorpresa que aquello pudo causar. Algo nunca visto antes;
no solo en Daganzo. Al
extenderse la noticia, al lugar del aterrizaje se dirigieron presurosas
las gentes del lugar. Estaba tan solo 'a media legua pequeña
del pueblo'.
Comprobando
que en su interior se encontraba un ser humano, de carne y hueso, que
debió deshacerse en mil explicaciones (le imaginamos con un dominio
suficiente del castellano), los lugareños consiguieron llevar
el globo con la ayuda de caballerías hasta el pueblo. Allí
agasajaron al señor Lunardi, de la mejor manera en la que se
puede hacer con un mortal que tenga buen paladar: con chocolate. El
lugar del inaudito aterrizaje, desde entonces hasta el día de
hoy, se conoce con el nombre de "El Globo".
Etimología
Referente
al nombre, Daganzo, hay diferentes versiones. Algunos autores lo hacen
derivar de la palabra latina dagentium, de ascendencia prerromana;
de la que desconocemos su posible significado. Otras hipótesis
señalan a la palabra árabe taga, "hilada
o capa; cada una de las líneas horizontales que forman los ladrillos
en el horno para cocerlos". Otra versión asegura que
el topónimo se origina en daca, "daga"
en castellano.
El apellido de Arriba, como ya hemos visto, viene dado por
su situación geográfica, para diferenciarlo del original
Daganzo de Abajo, o Daganzuelo. Y Daganzuelo es, evidente y curiosamente,
un diminutivo previo de Daganzo.
El gentilicio
del habitante de Daganzo es daganceño.
JR - Diciembre 2008
Página
oficial del Ayuntamiento de Daganzo de Arriba