Ecologistas en Acción - Alcalá de Henares

Alcalá de Henares y su Tierra
     

Molino de la Esgaravita


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Fachada oeste, ya inexistente
 

Era este el primer molino que encontraban las aguas del río Henares a su paso por el término municipal de Alcalá de Henares. La próxima construcción de lo que parece será un hotel y la desidia del Ayuntamiento, que permitió su completa demolición, acabaron con este histórico edificio en enero de 2008. Ahora, un solar árido, la presencia de maquinaria y un vallado, así como la brutal tala de árboles (lo que incluye un nogal de más de 60 años), son triste reflejo de lo que fue, lo que pudo haber sido y una muestra más de la desidia de las autoridades. Un solar que, tras la demolición, permanece abandonado y sin uso.

La historia de este molino harinero se halla estrechamente vinculada a la de la Compañía de Jesús, y a la de su Colegio Máximo (ubicado en la calle de los Libreros, actual Facultad de Derecho de la Universidad de Alcalá). La Esgaravita era la finca principal entre las propiedades que garantizaban el sustento y permanencia del Colegio.

Los primeros documentos relativos a este molino señalan que fue construido por la villa de Alcalá (se desconoce si sobre otro anterior o de nueva planta), quizá a finales del siglo XV o principios del XVI. El presupuesto que guarda el Archivo Municipal no tiene fecha. Seguía siendo propiedad de la villa cuando, en 1542, el emperador Carlos I de España interviene al regular la maquila que debería cobrar el molino: medio celemín por cada fanega de trigo. Disposición que es confirmada por el arzobispo de Toledo.

En la segunda mitad del siglo XVI la Corona, necesitada de fondos como tantas otras veces, enajena los bienes comunales. Al carecer la ciudad de Alcalá del título de propiedad de diversas tierras 'del común', éstas pasan a ser de realengo. La finalidad de la Corona era obtener fondos, por lo que pone rápidamente en venta estas propiedades. La mayoría de ellas son nuevamente compradas por el concejo de Alcalá, con algunas excepciones. Una de esas raras excepciones es la finca de La Esgaravita, con su molino, que es comprada por la Compañía de Jesús en la década de los 70 del citado siglo XVI.

Aunque la vinculación de los Jesuítas con estos parajes era anterior. Se cita en Annales Complutenses que "este año [de 1563], en diez y siete de noviembre, la villa de Alcalá dio a este Colegio dos fanegas y media de tierra en la isla que forma el río Enares, llamada Esgaravita, enpeçando en ella la huerta que tan dilatada oy poseen, pues ya tienen por suya toda la isla, una de las mejores posesiones que goza este colegio."

Escribía Portilla en 1725 que "encuentra el Rio el sitio deleytoso de la Esgaravita, que possee el Colegio Maximo de la Compañia de Jesvs de Alcalà, donde ay Huerta, Arboles frutales, y Arboleda, que con una Azùa sobre vn brazo del Henares, que luego junta vn Ponton, y atrabiessa por enmedio, todo se riega, y fertiliza, y el Rio al despedirse mueve las Ruedas de vn Molino de Pan".


El Catastro del Marqués de la Ensenada (1753)

En este censo elaborado a mediados del siglo XVIII se registra "otro molino arinero, que llaman de la Esgarabita, que muele con quatro piedras y agua de dicho río Nares, propio del Colegio de la Compañía de Jesús de esta Ciudad, a quien regulan de utilidad anual trescientas fanegas de trigo, que hazen seis mil reales de vellón". Al cargo de la molienda encontramos a "Nicolás Romero, molinero del Colegio de la Compañía de Jesús, [que] utiliza tres mil doscientos treinta y cinco reales".

Expulsión de los Jesuitas y cambio de propietarios

Cuando la Compañía de Jesús es expulsada de Alcalá, el 1 de abril de 1767, la propiedad de La Esgaravita estaba formada por el molino, más 101 fanegas, 5 celemines y 24 'estadales de marco'. Constaba de huertas, frutales, alamedas (para producción y venta de madera), una casa y un palomar. Del molino se decía que tenía capacidad para 330 fanegas de trigo.

En el Colegio Máximo y posesiones vinculadas se contaba con 14 sacerdotes, 21 estudiantes y 17 coadjutores. Uno de estos coadjutores era Ginés Flores, mozo de unos 30 años de edad. En la fecha de la expulsión se hallaba como hortelano en La Esgaravita. Allí se envió un soldado dando recado para que se personara en el Colegio. Al transcurrir las horas y no aparecer, se envió a un cabo junto con dos soldados, en su busca. No lo hallaron, ni se volvió a saber de él. Se supone que, camino de Alcalá, tuvo noticia de lo que estaba pasando y emprendió la huida a lomos de su mula.

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Interior, antes de su derribo

Tras la expropiación, la finca pasa a ser administrada por la Junta de Temporalidades, quien pronto encuentra que le acarrea más gastos que beneficios. De entrada, ha de proceder a reparar tanto la presa de La Esgaravita como la del cercano molino de Los Santos (también propiedad de la Compañía). Para hacer menos gravoso este trámite, se opta por arrendarla en tanto se consigue su venta. De esta manera pasa a ser trabajada por José Yarritu, vecino de Alcalá, del 1 de mayo de 1769 al 1 de mayo de 1771. Tras esos dos años, el molino se vuelve a arrendar, aparte de las tierras.

Finalmente, el 20 de febrero de 1773 el Consejo Real aprueba la venta del molino de La Esgaravita a Don Pedro Verda, por 600.000 reales.

En 1860 era propiedad de D. Joaquín Gómez de la Cortina, marqués de Morante, senador vitalicio, quien lo había recibido como herencia de su padre, D. Vicente Gómez de la Cortina, conde de la Cortina. Al fallecer el marqués de Morante, en el año de 1868, dispuso que el capital obtenido de la venta del molino sirviera para constituir un fondo. Este fondo serviría para ayudar a los más necesitados del concejo de Bedoya, de donde era originaria su familia. Un fondo que se mantuvo en funcionamiento hasta 1999, año en el que los cada vez más escasos rendimientos propiciaron su liquidación.

En 1869 había comprado la propiedad en subasta D. José Gerónimo Moreno, conocido terrateniente alcalaíno que también fue alcalde de la ciudad en varias ocasiones. Se da la circunstancia de que otro edificio emblemático de Alcalá, el antiguo hospital universitario de San Lucas, que también había sido propiedad del marqués de Morante, pasó asímismo a manos de D. José Gerónimo.

El molino continuó su labor de molienda, con las modificaciones y ampliaciones que el paso del tiempo y los cambios en usos y tecnología iban imponiendo. Antes de su abandono y decadencia, recién comenzado el siglo XX y siendo propiedad de D. Alfredo Serrano Fatigati, senador por Toledo, había añadido a su función la de producción de energía eléctrica. Primo de Rivera y Williams habla del molino, en su guía sobre Alcalá y su Partido (año 1910), como dedicado a esta actividad, compartida con la molienda del trigo. Se conocía entonces como "Electro-Harinera de La Esgaravita".

La etimología "esgaravita" o "esgarabita" es señalada por varios autores como de origen árabe, aunque no se indica cuál pudiera ser su significado. Es también interesante observar cómo, en diferentes mapas, al camino que llevaba desde la ciudad a la finca, se le nombra como "camino de las Esgaravitas", en plural.


Últimos aleteos y muerte

En 1974 era propiedad del matrimonio formado por D. Alejandro Fernández de Araoz y Marañón y Dña. Isabel Gómez Acebo, quienes terminaron vendiendo la propiedad a cierta sociedad mercantil, que no sería la última en figurar como propietaria de la finca. Curiosamente, en determinado momento, en medio de estas últimas transacciones, el molino cambió su calificación de finca rústica a urbana, con lo que multiplicó exageradamente su valor; unas diez veces. ¿Habría que preguntarle al Excelentísimo Ayuntamiento de Alcalá qué sabe de semejante "pelotazo"?

No sería lo único que precisaría rendir cuentas. Entre las últimas anotaciones registrales de la finca, figuraba la prevista "rehabilitación" para apartamentos y fines hoteleros, como señalábamos al principio. Lo cierto es que, en realidad, se procedió al derribo del edificio hasta los cimientos, sin que el Ayuntamiento presidido por D. Bartolomé González moviera un dedo en ponerle remedio; pese a las denuncias y escritos que se les presentó.

Testigos presenciales indican que hubo buen cuidado en recoger y llevarse los ladrillos originales, así como otros materiales que se consideraron de interés. Pero los más de 500 años de vida del molino, de un plumazo, desaparecieron. Ahora la finca espera vacía un futuro incierto en medio de estos tiempos de crisis.

La realidad es mesurable: una pieza insustituible de nuestro patrimonio que la negligencia, la desidia y el abandono han contribuido a que se perdiera. ¿Y a quién le ha rentado tamaña felonía...?

JR - Octubre 2008
(act. junio 2009)


 

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