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Perspectiva
general desde el oeste |
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Se trata del molino complutense documentalmente más antiguo. No necesariamente el "primero" (honor que, con toda probabilidad, corresponde al molino Borgoñón), pero sí del que podemos dar fechas más antiguas avaladas por la documentación conservada en el Archivo Municipal.
En escritura fechada en agosto de 1422 lo vende su entonces propietaria, la Cofradía de Santa María
la Rica (a cuyo cargo se hallaba el hospital del mismo nombre) con la carga de un censo perpetuo. Los compradores, tras varias subastas desiertas, son dos de los propios cofrades, D. Alfonso García de Paredes y Lope Alfonso de Laguna, quienes se comprometían a pagar cada año a la cofradía '90 florines de oro del cuño de Aragón y un real de plata'. Al parecer, la Cofradía había recibido el molino a finales del siglo XIV, como donación de Pascual Pérez y su mujer. El molino era alquilado y, con sus rentas, se sustentaba la obra pía. Pero los constantes daños sufridos por las avenidas del impetuoso Henares, así como la presumible desatención de los inquilinos, suponían finalmente más una carga por las frecuentes reparaciones que una fuente de ingresos, por lo que se optó a la ya citada venta bajo censo.
En el siglo XVI, en 1535, la Cofradía entabla pleito con el entonces propietario, D. Lope Alonso de Mendoza (heredero de Lope Alfonso de Laguna). Los cofrades no están conformes con la inclusión del molino como parte del mayorazgo de los Mendoza, lo que consideran perjudica sus intereses, a la par que solicitan la actualización de la renta. Finalmente se llega a una concordia. El propietario señala otras propiedades que sustituyan al molino y acuerdan un nuevo censo. El molino se desvincula por completo del Hospital de Sta. María la Rica.
El molino en el siglo XVIII
En su "Historia de Compluto" (1725), Miguel de Portilla dice
que "ay vna Puente de piedra muy buena sobre el Henares, y
junto à ella el Molino de Pan llamado de la Puente, que todo
està al austro de esta Ciudad". Se está refiriendo
a este molino por uno de sus nombres más conocidos, Molino de la (o del) Puente.
En
el Catastro mandado elaborar por el Marqués de la Ensenada en
1753, se le cita cuando se habla de "otro molino que muele con agua del mismo río
Nares, con tres piedras, que llaman del Puente, propio del Marqués
de San Marzelino, residente en Nápoles, a quien da de utilidad
anual tres mil setecientos y cinquenta reales". En él
se hallaba ocupado "Nicolás Corregidor, molinero en
el de la Puente, [quien] utiliza en cada año tres mil
seiscientos cinquenta reales".
En 1799 se acometen algunas reformas en edificio, caces y presa, siendo aún el molino propiedad del
duque de Noya, también marqués de San Marcelino, D. Pompeyo Caraffa. Había llegado a sus manos como heredero del mayorazgo ya citado, establecido con este molino junto a otras propiedades.
En el escrito expositivo se indica que "este
molino consta de cinco arcos, para otras tantas piedras, distribuidos
en una línea de más de ochenta pies de largo, por los
cuales se desprende el agua que vá á incorporarse con
la del río en el Puente por medio del socaz. Este es tan estrecho
que apenas tendrá en el día veinte pies de anchura en
su mayor extensión". Esta estrechez manifiesta del
socaz (la parte inferior del caz, tras abandonar el molino), provoca
serios problemas, de modo que "el agua que vierten los arcos
sube para salir á proporción de la estrechez, viniendo
á equilibrarse con la del piso de la caldera; de que resulta
en los carcabos del molino una estancación de agua que impide
el movimiento de los rodetes y por consiguiente de la molienda".
La propuesta que se plantea y finalmente se lleva a la práctica,
es construir para el agua sobrante, a través de la alameda,
"un nuevo canal que la conducirá al río desembocando
enfrente al tejar que está de la otra orilla"; a la
par, ensanchar el socaz y separar la concurrencia de aguas de éste
con el río, hasta pasado el puente. De tal manera, por el primer
arco tan solo pasarían las aguas del socaz, dejando el río
a los restantes arcos. Al mismo tiempo, se refuerzan las márgenes
del socaz con la tierra extraida en su ensanchamiento, y se construye
"á la entrada del caz del Molino unas compuertas que
sirvan como de llave para dar ó quitar el agua segun se quisiere".
Lo que nos viene a indicar que, antes de esto, tales compuertas no existían,
o habían desaparecido, quedando el molino expuesto al ímpetu de las aguas.

Situación del molino y puente (Revista
de Obras Públicas, tomo I, nº 21, año 1869)
El Molino y la Guerra de la Independencia
En sus inmediaciones, al otro lado del puente de Zulema, el 22 de mayo
de 1813 se desarrolló una escaramuza entre las tropas españolas,
al mando de Juan Martín El Empecinado y los invasores franceses,
que pretendían tomar el puente. De una parte, 1.500 infantes
y 500 caballos por 'los empecinados'; de la otra, 1.200 infantes y 200
caballos, con dos cañones, por los franceses, según la
versión del 'patriota complutense', quien narra que "los
españoles se situaron al otro lado del puente en las alturas
de los barrancos, pozo de la nieve y cuestas de Zulema y Villalbilla:
allí esperaron y se trabó la batalla al amanecer, atacando
los futres [franceses] desde este lado [Alcalá] con su fusilería
y artillería [...] estuvieron hora y media [...] La artillería
despidió más de cincuenta tiros [...] Viendo los franceses
caballería nuestra á su retaguardia emprendieron su retirada
precipitadamente y se marcharon a San Fernando [...] Perdieron en esta
función los franceses dos ó tres muertos, tres prisioneros
y unos treinta heridos; los Empecinados tuvieron otros tres muertos,
tres prisioneros y diez ó doce heridos".
También fue en estos campos aledaños al molino donde tuvieron
lugar las maniobras militares, o parada, con las que se agasajó
al rey Fernando VII, 'el Deseado', en su visita a Alcalá tras la
Guerra de la Independencia.
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Interior
con restos de maquinaria |
Puente
y molino, eterno maridaje
Es
difícil deslindar puente y molino. En no pocas ocasiones, las
obras realizadas en uno afectan al otro. Los reparos llevados a cabo
en el molino, caces e isla, afectan a la fábrica del puente;
las reparaciones en el puente afectan al molino. Y ambos, giran en torno
a un río Henares díscolo, impetuoso en ocasiones, que
varía su curso y se resiste contra los esfuerzos humanos de encauzarlo
y represarlo..
Entre julio y agosto de 1829 se hacen reformas en el vecino puente de
Zulema, al que los zapadores habían quebrado uno de los ojos
(el octavo) en 1823, para impedir el paso de 'los facciosos'. Por entonces
tenía una estructura provisional hecha con maderas, para facilitar
su paso. Finalmente se iba a reconstruir con piedra, para lo que sale
a pública subasta y se hacen los oportunos preparativos. Este
asunto motiva un interesante cruce de oficios entre el Ayuntamiento
y Don Lorenzo de Roqueñi, representante y apoderado de los Arratia
Sobrinos, comerciantes de Madrid y dueños a la sazón del
molino. La causa es la exigencia por parte del municipio de que sean
retiradas las estacadas que protegían al molino e isla frente
a las avenidas del río, modificando el curso de las aguas. A
esta exigencia se niega la propiedad, argumentando que las estacas "cubren
y defienden las que llaman narices del Puente edificadas para su firmeza
sitas entre [el] primero y segundo arco y entre este y el tercero formando
una Isleta con la que se ha logrado impedir con el mayor beneficio del
Puente, caiga el fuerte de las aguas del Río al primer arco y
su nariz caminando desde esta ciudad". El Ayuntamiento insiste
en su exigencia perentoria, reafirmándose en el plazo máximo
de seis días para la completa retirada de la estacada. Finalmente,
con la intervención pericial del arquitecto Don Leonardo Clemente,
se llega a la decisión de mantener la estacada, solo que variando
su situación, como solución consensuada entre las partes:
"que la estacada hecha a la parte abajo del Puente y casi paralela
a él, se quite y se construya en diagonal, en la Dirección
del terreno que dirige las aguas desde el tajamar del machón
del ojo cortado: Que con la misma Dirección en el centro de la
Isla, se abra una zanja de diez varas de ancho con la profundidad correspondiente
a el desnibel del río de modo que no queden las aguas abalsadas
en el centro del Puente y ultimamente que por medio de una estacada
y quijose (sic, prob. 'y guijo se') macice la Chorrera que
ha causado en la entrada opuesta del Puente recibiendo la parte de calzada
socavada".
Guerra
Civil
Durante la contienda, como ocurriera con tantos otros edificios de Alcalá,
el molino fue utilizado como improvisado alojamiento de tropas. Según
documento del 26 de mayo de 1938, ante la solicitud de la autoridad
militar, el Ayuntamiento responde que se estima en 350-375 hombres su
capacidad. En este caso, como no podía ser de otra manera habida
cuenta de la proximidad del río y el estratégico paso
del puente medieval, fueron unidades de pontoneros los que llenaron
sus muros (De Diego Pareja). Desconocemos los daños o alteraciones
que por este motivo pudo sufrir el edificio. No obstante, retomó
la actividad.
Por lo que sabemos, en sus últimos años cambió (o
alternó) la molienda de grano por la producción de energía
eléctrica, al igual que el molino de La Esgaravita. De ello
dan fe los actuales y escasos restos de maquinaria en su interior, dañados y a la intemperie.
El molino hoy
Actualmente el edificio se halla en avanzado estado de ruina, sin que
la administración municipal haga nada por impedir su rápido
deterioro. Sujeto a vandalismo, lugar de habitación de personas
sin techo, hace unos pocos años sufrió un aparatoso incendio
que le hizo perder la cubierta y tejado. Ahora, completamente a merced
de la lluvia y demás elementos, su degradación avanza
a marchas forzadas. No se ha adoptado una sola medida que intente evitar
su deterioro.
Apenas se vislumbra en su interior una sombra de lo que fue. Se distinguen
cuatro embocaduras de entrada, dirigidas hacia los cárcavos de la maquinaria. También se observan los restos de una especie de aljibe o balsa adosado al exterior de su pared
Este. Esta estructura lo convierte en el único molino complutense de esta tipología. En el estío se usaba el sistema de balsa como un lugar de acumulación
de aguas, para dotar a la maquinaria del flujo regular necesario para
su funcionamiento. Una vez que la balsa se había llenado poco a poco, se liberaba el agua ahí contenida, lo que proporcionaba a la maquinaria la fuerza regular necesaria para funcionar durante un tiempo, hasta su vaciado. Después, parada y vuelta a llenar la balsa.
La estructura entre plantas, de madera, se ha hundido;
los escombros y la basura se acumulan en su cascarón dañado.
Las pocas vigas y entarimado que quedan, son usados regularmente por
los indigentes y demás visitantes ocasionales para hacer lumbre
con la que calentarse. Patrimonio que se convierte en cenizas, ante nuestros ojos, sin que nadie haga nada por evitarlo.
Es un molino del que parece desconocerse la propiedad, pese a hallarse
supuestamente sobre suelo público (la 'isla' de los García).
El Ayuntamiento complutense es críptico y elusivo cuando se le
pide información. En el Registro de la Propiedad, a día de hoy (finales de 2008), pertenece aún a la familia García. Extraoficialmente es de titularidad municipal. Al margen de quién pueda ser el titular
real y actual del edificio, la Administración local no puede excusar su responsabilidad:
para exigir a los propietarios su mantenimiento, o para proceder a su
expropiación. Para consolidar los restos y preservarlos en tanto
se allegan fondos que permitan rehabilitar el edificio.
Si nuestros molinos se mueren, víctimas de la desidia e inactividad,
¿quién tendrá que rendir cuentas?
'Nada hay oculto que no salga a la luz'. La Historia dejará constancia de la culpa que le corresponde a la actual Corporación Municipal, con su alcalde D. Bartolomé González a la cabeza. Si continúan en su desidia, serán las páginas de la Historia Complutense las que le señalarán como el alcalde que no hizo nada por evitar la desaparicón de este molino; tal como ya le señalan ante la irreparable pérdida del molino de La Esgaravita.
JR
- Octubre 2008
(act. mayo 2009)
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