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Vista
general, fachada oeste |
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Aunque
el objeto principal de esta breve reseña es relacionar los molinos
fluviales, quedaría coja si no citáramos la fábrica
de harinas fundada por Don Sergio Real Hernández, el 'último
molino de Alcalá'. Tomamos los datos del artículo "Sergio
Real, industrial molinero alcalaíno de principios del siglo XX",
del investigador D. J. Alberto García Lledó, publicado
en el volumen XVI de la revista "Anales Complutenses", IEECC.
Tras una dilatada experiencia en la actividad molinera, como trabajador
y gestor en diferentes molinos, en 1916 decide dar un salto importante
en su carrera y establecerse por su cuenta. Además, planea hacerlo
con un molino no de agua, sino accionado por energía eléctrica,
dotado de moderna maquinaria; con una visión muy diferente a
la tradicional. Solicita presupuestos y busca terrenos en Alcalá
donde establecer su fábrica de harinas. Busca un lugar cercano
al ferrocarril, bien comunicado.
Al efecto, compra en marzo del año citado el terreno de la que
había sido fábrica de luz de la familia Azaña "Central
Eléctrica Complutense". En el solar hace levantar un nuevo
edificio, por el constructor madrileño Martín Lago, obra
por un montante de 22.061 pesetas y 55 céntimos.
La empresa Daverio y Henrici monta la maquinaria en agosto de 1916,
con motores eléctricos y transformadores Oerlikon. En la primera
semana de septiembre de 1916, la fábrica ya está trabajando,
dando empleo a seis personas. La fábrica se amplía en
años sucesivos, comprando fincas colindantes entre 1917 y 1919;
sobre esos terrenos se levantan "almacenes, cocheras, un silo,
un transformador gallineros, patios y una casa familiar". Buena
parte de los cuales se pueden ver aun hoy día.
García Lledó comenta la sorpresa de los alcalaínos
por ver levantarse un molino lejos de las aguas del río. La prensa
local publica en titulares "¿Cómo es posible que
en el Chorrillo se instale una fábrica de harinas? ¿Es
que van a desviar el río Henares?"
La fábrica, que en principio se iba a llamar "La Alcalaína",
acabó llamándose "La Esperanza", acorde a los
nombres al uso por entonces. E imaginamos que a la proyección
que pretendía darle.
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Detalle
de fachada exterior |
Narra
García Lledó una curiosa anécdota: hubo quien se
quejó de que no le gustaba esa harina, producida en tan novedosa
fábrica, 'porque el pan sabía a electricidad'.
El edificio sigue en pie, aunque mostrando en sus ladrillos y cubiertas
el paso del tiempo y su estado de abandono. Parte de las instalaciones
han cambiado de uso; se han levantado nuevas edificaciones en el solar,
sustituyendo las anteriores auxiliares y rompiendo la contextualización
de lo que se mantiene en pie; lo que queda difícilmente da una
idea de lo que fue el complejo harinero. Se han derribado otras. El
cuerpo principal, donde se aloja la maquinaria, está cerrado,
bastante degradado, junto a unas nuevas edificaciones de dudosa coherencia
estética.
Sin embargo, pese a todo, el edificio de la fábrica de harinas
se halla incluido en el catálogo de patrimonio industrial español
(en la provincia de Madrid, junto con los Talleres de Nuevo Baztán,
Canal de Isabel II, Presa del Pontón de la Oliva, Central Eléctrica
de Torrelaguna y la Real Fábrica de Tapices), teniendo pendiente
su declaración como Bien de Interés Cultural.
Citando de "Patrimonio, cultura y sostenibilidad: el IPICAM (Inventario
del Patrimonio Industrial de la Comunidad de Madrid)" (Mercedes
López García y Paloma Candela Soto): "Precisamente,
las fábricas de harinas representan elementos esenciales del
patrimonio industrial de Alcalá de Henares. Junto a los testimonios
más tempranos a orillas del Henares —en estado de acelerado
deterioro—, un magnífico ejemplar de harinera eléctrica,
conocida como la Fábrica de Harinas «La Esperanza»
se conserva en el corazón del casco urbano donde ha resistido
milagrosamente para llegar hasta nuestros días protegiendo en
su interior un valioso conjunto de molinos, así como del utillaje
y elementos necesarios en el proceso de limpia y cernido de la marca
de fábrica Daverio, sistema que revolucionó en el cambio
de siglo la tecnología y organización de la molienda.
Este singular y valioso conjunto (único en sus condiciones en
la Comunidad de Madrid) reclama una urgente y necesaria actuación
que garantice su conservación y recuperación, tal y como
se ha expresado en el informe previo dirigido a las administraciones
competentes para iniciar los trámites de declaración de
Bien de Interés Cultural acogiéndonos a las directrices
que marca la Ley Regional del Patrimonio Histórico de la Comunidad
de Madrid (Ley 10/1998, de 9 de julio)."
En fechas recientes (2008) el Ayuntamiento ha anunciado la creación
de una escuela taller para la restauración del edificio y la
maquinaria, así como su posible musealización. Ojalá
las palabras se concreten en hechos y no sea este uno más de
las innumerables pérdidas patrimoniales debida a la desidia de
nuestras Administraciones.
NOTA: La mayor parte de la información
aquí presentada procede de la fuente citada en la bibliografía,
fruto del trabajo de J. Alberto García Lledó, a quien
reconocemos todo el mérito y esfuerzo. Nos permitimos reproducirlo
extractado y reelaborado en este rincón al objeto de dar a conocer
esta parte importante del legado alcalaíno.
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