Ecologistas en Acción - Alcalá de Henares

Alcalá de Henares y su Tierra
 
 



Breve historia de Alcalá de Henares



Desde antiguo, ha sido el solar alcalaíno lugar de preferencia para el asentamiento humano. Un contexto caracterizado por la abundancia de aguas, fértiles vegas en el Henares, buen suelo y clima para el cereal, buena disponibilidad de recursos cinegéticos y abundancia de maderas en los bosques de ribera, en los espesos escuadrones de olmos en La Campiña que escribiría Manuel Azaña y en los encinares y quejigares de los cerros. Así mismo, supondrían los cerros una excelente atalaya sobre la que edificar poblados y tener un buen dominio visual de la llanura septentrional.

De tal manera, desde tiempos prehistóricos existen indicios de poblamiento tanto en el cerro del Ecce Homo, de San Juan del Viso, en el cercano cerro de La Horca, en la alcarreña villa de Santorcaz, y en la misma vega henariega, como lo demuestran los fondos de cabaña excavados en terrenos aledaños al centro comercial La Dehesa y al arroyo Camarmilla.

Prehistoria

Alcalá, como el resto de su comarca, perteneció a la celtibérica región de la Carpetania y constituyó un núcleo de población de importancia, que seguiría teniendo asentamiento en cerros como El Viso o La Horca. De la época carpetana dataría la fabulosa ciudad de Iplacea, hipotética y legendaria raíz de nuestra ciudad, que ha sido ubicada en la planicie del cerro del Viso. Las mismas leyendas ubican en este cerro de forma tabular la Mesa-tabla Esmeralda del Rey Salomón, lugar en que se hallaría el tesoro del templo del tercer y último soberano del reino unificado de Israel, tras el saqueo efectuado por las tropas romanas de Tito. Serían los árabes, con Tariq al mando, quienes descubrieran la mítica mesa e inspiraran el nombre de Gebel (Yabal) Sulayman o Madinat al-Maida, Ciudad de la Mesa, para el cerro de Zulema, donde estuviera la población carpetana (¿Ikesankom Kombouto? Imposible afirmar su nombre) y más tarde la Complutum romana. De la antigua ermita dedicada a San Juan Bautista (hoy desaparecida) le vendría al cerro su nombre actual, San Juan del Viso, en el que se instalaría una casa de los Padres Trinitarios Descalzos e instalaciones militares en el día de hoy.

Romanos y germanos en Carpetania

Tras la dominación romana de la población celtibérica en el cerro del Viso y la fundación allí de la primera urbe romana, se produciría el traslado paulatino de la ciudad a la llanura baja, al Este de la confluencia del arroyo Camarmilla con el río Henares. Dicha población, municipium romano que podría haber tenido 10.000 habitantes, se articulaba alrededor del clásico esquema urbano, teniendo cardo y decumano maximo (perpendiculares entre sí) como las vías que configuraban el trazado del casco urbano, enlazadas a su vez con la red viaria.

Un notable hecho martirial, junto con la decadencia del Imperio Romano, marcaría la transición de Complutum desde El Juncal al Campo Loable, actual emplazamiento de la Iglesia Magistral Catedral, núcleo central del casco histórico de Alcalá. Hablamos del ajusticiamiento de los niños cristianos Justo y Pastor, acontecido alrededor del año 305 d. C., en el paraje donde posteriormente se erigiría el primer templo de la diócesis complutense, germen del poblamiento actual alcalaíno. La llegada del obispo de Toledo, Asturio Anulino Serrano, en busca de los restos de los Santos Niños y su hallazgo en el Campo Laudable allá por el siglo V, sería el punto de inflexión para que el factor 'centro de peregrinación' favoreciese el asentamiento humano en época visigoda alrededor de la primitiva catedral. Al mismo tiempo, Compluto vería su progresivo abandono y decadencia.

No obstante, en todo momento seguimos hablando de la misma población, el mismo núcleo urbano. La 'ciudad viajera', en la célebre denominación de Leopoldo Torres Balbás. Un núcleo urbano que se va trasladando, con su población, de una ubicación a otra, conforme cambian los tiempos, las necesidades y las ideologías o creencias. Siempre dentro de la misma área: en lo alto del cerro cuando la necesidad defensiva así lo aconseja; una ciudad que se traslada al llano cuando la pax romana hace innecesaria la ubicación cimera y se hace más patente la comodidad del llano; y al Campo Laudable, cuando la veneración de las reliquias de santos (y todo el comercio e influencia que eso genera) mueven a la ciudad en torno a los restos de los Santos Niños, conocidos y visitados desde largas distancias.

La fortaleza musulmana: al-Qalat

La presencia de los musulmanes en la Península Ibérica, llegados en el año 711, se extendería con rapidez hasta los Campos Ricos y Loables de Complutum. Este hecho provocaría la huída y refugio de los obispos complutenses en Guadalajara. Pero se permitiría la población alrededor del templo de San Justo. Los musulmanes escogerían un pequeño cerro tabular inexpugnable junto al río Henares, al otro lado, usando su curso fluvial como barrera defensiva natural. Esa magnífica plaza fuerte permitió el desarrollo de una fortaleza, al-Qal'at abd al-Salam, y unos arrabales civiles al Oeste y al Sur del castillo, en pequeños cerros propicios. En varias ocasiones, la enriscada alcazaba moruna recibiría el embate de las tropas cristianas, que no conseguirían una fuerte victoria hasta 1085, cuando la Alcalá del llano, el Burgo de Santiuste, quedaría de nuevo bajo dominio cristiano. No obstante, perdudaría por 33 años el castillo musulmán alcalaíno, siendo un eslabón importante en la franja divisoria que separaría el territorio cristiano del musulmán, paralela más o menos al río Tajo: la Marca Media. Los otros eslabones musulmanes de la cadena, Guadalajara, Madrid o Toledo, irían cayendo progresivamente bajo dominio cristiano. Así, tal como dice la tradición, el día 3 de mayo del año 1118, la fortaleza árabe de Alcalá sería conquistada por las tropas del arzobispo de Toledo, el galo Don Bernardo de Sedirac, animadas por la legendaria aparición de la Vera Cruz sobre el muy alto cerro del Ecce Homo; una cruz de fuego flotando en el aire ante los ojos atónitos de los sitiadores. Cuenta la tradición que los soldados musulmanes en retirada, serían pasados a cuchillo en las lomas de Mataperros, entre los términos de Alcalá y Daganzo.

La nueva Alcalá, el Burgo de Santiuste

Ganada Alcalá por el prelado toledano para el Reino de Castilla, éste cedería en el año 1129 'el castro que se dice Alcalá y todos sus términos y lugares' a la dignidad arzobispal. De este modo, la Comunidad de Villa y Tierra, con sus 25 aldeas, sería un señorío arzobispal y no de realengo, como los vecinos alfoces de la aldea y fortaleza de Madrid (Magerit) y la ciudad de Guadalajara. El alfoz de Alcalá obtendría en 1135 el ordenamiento que conocemos como “Fuero Viejo”, otorgado en latín por el Arzobispo Don Raymundo para la gestión de la Comunidad de Villa y Tierra de Alcalá. Este privilegio foral se iría actualizando con los tiempos sucesivos hasta crearse el Fuero Extenso que, como su nombre indica, ampliaba el texto anterior. De este modo, con la Donación de Alfonso VII y el Fuero Viejo, quedaba constituída la Comunidad de villa y tierra de Alcalá, vinculada al señorío de la mitra toledana. En 1136, Alfonso VII ordena que la población baje al llano, donde se mantenía un núcleo en torno al templo de los Santos Niños.

El Fuero Viejo fue confirmado por todos los sucesores de Don Raymundo hasta el arzobispo Don Rodrigo Ximénez de Rada, el cual concede un fuero especial para el Concejo de Santuiste (Sant Iuste, forma antigua para San Justo) y otro para las aldeas, en 1223. Algunas de las aldeas sitas entre el Henares y el Tajuña pasaron a engrosar el alfoz de Segovia durante el reinado de Alfonso VIII, concretamente el año 1190, por las ayudas que presta el concejo segoviano al monarca. Será Ximénez de Rada quien haga retornar las aldeas al señorío arzobispal de Toledo, por tanto, al concejo complutense.

En 1253 el arzobispo e Infante de Castilla Sancho I, concede a Alcalá los fueros de Alcalá La Vieja, que durante el último cuarto del siglo XIII vivirá el imparable declive como población urbana; si bien en una carta de venta, fechada en 1276, se prueba la existencia de población en el lugar.

El mismo año 1253, el arzobispo Palomeque confirma la Feria de Alcalá. En el siglo XIII consta la existencia de dos ferias: la del mes de agosto y la del domingo de quasimodo, siguiente a la pascua de Resurrección. La Feria de Alcalá, especialmente la de agosto, se vio favorecida por otras decisiones reales, como la de impedir otras ferias un mes antes o después, persecución de alborotadores, protección de mercaderes que acudieran a Alcalá. Tales acontecimientos la situaron entre las más importantes de la Castilla del siglo XIII, junto con las ferias de Burgos, Brihuega y Medina del Campo. Tras el declive que sufre Alcalá en años sucesivos, se toman medidas revitalizantes como la de elongar la duración de la feria a todo el mes de agosto por decisión del Infante Don Alfonso, en 1468.

Cuando se otorga la feria, la documentación recoge que se debería celebrar 'allá por san Bartolomé', como simple manera de ubicar el tiempo de su establecimiento. No había ninguna otra alusión al santo que, por otra parte, no contaba con ermita, altar ni capilla en la ciudad.

La Alcalá de las Tres Culturas

A principios del siglo XIII, la villa alcalaína tendría finalizada su muralla y aglutinaría los tres caseríos, a saber: musulmán, hebreo y cristiano. Abrían los muros de la muralla puertas como la de Burgos, de la Morería, el postigo de los judíos, la Puerta de Guadalajara, el postigo de las tenerías, la de San Julián, puertas del Vado, del Postigo y de Madrid.

La población hebrea radicaría en el conocido como Barrio Judío, Judería o Aljama, entre las calles Mayor y Escritorios. Llegaba hacia el Este hasta la Plaza del Mercado (actual plaza de Cervantes) y a poniente hasta la plaza de la Picota. La vía central sería la calle Mayor, a la cual asomarían los puestos de comercio, tiendas y los adarves perpendiculares que desembocaban en la calle. Su cementerio, extramuros, estaba en la actual zona ocupada por la Calle de San Isidro en su intersección con el Paseo de la Estación. Sus templos serían dos: la Sinagoga Mayor, en el 10 de la calle Carmen Calzado, con parte trasera que coincidiría con el actual Corral de la Sinagoga. Y la Sinagoga Menor, que estaría en la calle de Santiago, en el solar del primitivo convento de Capuchinos. Los judíos se ocuparían como arrendatarios de tierras y de rentas, artesanos, comerciantes, carniceros, médicos, físicos, escribanos y prestamistas; los oficios que en cada momento les permitía una restrictiva ley.

La sociedad musulmana ocupaba el sector septentrional del núcleo urbano, entre la calle de Santiago, el Palacio Arzobispal, la Puerta de Burgos y la muralla (actual Vía Complutense). Tenían a mano las tierras de labor y huertas, que estarían en los alrededores del Parque O’Donnell y arrabal de Santiago. 'La Almanxara', Barrio Morisco o Morería, traspasaría los límites de la tapia defensiva y ocuparía la actual Plaza de la Cruz Verde (nombre en alusión a los procesos inquisitoriales). Sus templos reciben el nombre de mezquitas. Se sabe de la existencia de una, en el solar que posteriormente ocuparía la Parroquia de Santiago (Matamoros; advocación nada casual); esta parroquia fue derribada en la década de los sesenta del siglo XX. Los musulmanes trabajarían como agricultores en las huertas del Henares y Camarmilla, como albañiles y carpinteros que dejarían excepcionales obras de arte, como las que hubo en el Palacio Arzobispal; y como alfareros que se surtirían del interminable 'oro rojo', que es la arcilla omnipresente en el suelo complutense.

El barrio cristiano se concentraría en torno a la Parroquia de San Justo, con prolongaciones hacia los caminos del Val, del Vado y del Juncal. Con el tiempo, la feligresía cristiana colonizaría los alrededores de la Parroquia de Santa María la Mayor. La parroquia complutense, al contrario que en la mayoría de las villas castellanas, no se prodigó en la asociación en torno a numerosas parroquias. Es curiosa la existencia de tan sólo dos parroquias, ampliadas a una tercera con la conversión de la mezquita en parroquia de Santiago, como vimos antes. Sí fueron, al contrario, aficionados a la construcción de ermitas, tanto en el interior de la villa murada como en el extrarradio agrario y cerros. Entre sus ocupaciones estaban las de agricultor, ganadero, artesano, comerciante, escribano, maestro, barbero o servidor de los estamentos más adinerados y potentes de la villa señorial.

El papa Inocencio IV otorga a los arzobispos toledanos la facultad de tener residencia en Alcalá, lo cual propicia que se proyecte, en 1271, la sede de los señores prelaticios de Toledo en la villa complutense, con la compra de los terrenos adyacentes a la actual Puerta de Madrid, lo que conformará el futuro Palacio Arzobispal. En adelante, en el complejo palatino se celebrarán asambleas, sínodos, concilios e incluso la sede de la Corte itinerante de Castilla. El arzobispo Pedro Tenorio dará al palacio un toque militar y señorial, que le otorgará el aspecto de fortaleza que pudo apreciarse hasta el incendio de 1939. El mismo prelado reconstruiría el castillo de Alcalá La Vieja, y reformaría la ermita del Val, entre otras obras.

Alcalá hace Historia

En las postrimerías del siglo XIII, nuestra ciudad vive un acontecimiento que será germen de su tradición académica: la fundación de los Estudios Generales (como se denominaba a lo que ahora conocemos como Universidad), solicitados por el arzobispo D. García Gudiel al rey Sancho IV para el estudio de la lengua. La bula de fundación se otorgó el 20 de mayo de 1293 y supuso que en nuestra ciudad estuviese la cuarta universidad medieval de España, tras las de Palencia, Salamanca y Toledo.

Otro hecho clave para la historia de España y del Derecho fue la celebración de Cortes en 1348, en las que el monarca Alfonso XI promulga el célebre Ordenamiento de Alcalá. Este conjunto de 58 leyes integrantes del hábeas legislativo castellano, supone un punto de inflexión por cuanto se abandona la aplicación del Derecho Germánico para adoptar el Derecho Romano.

En 1454 sucede una ampliación del perímetro tapiado a cargo del arzobispo D. Alonso Carrillo, lo que supone la incorporación al entramado urbano del periférico coso en que se celebraba mercado y justas. En adelante, el solar quedaría como plaza para el mercado. Hoy, es la entrañable y provinciana Plaza de Cervantes. Carrillo, aparte de favorecer la rehabilitación de los torreones y lienzos de la muralla antigua, eleva la parroquia de San Justo al rango de Colegiata, lo que supone empezar a construir el nuevo templo en 1479. También activa la fundación del Monasterio de Santa María de Jesús, de franciscanos observantes.

En 1485 la reina Isabel I de Castilla da a luz a la infanta Catalina de Aragón, quien es bautizada en la Colegiata alcalaína, llegando a ser reina de Inglaterra por su matrimonio con Enrique VIII.

Aunque con cuentagotas, los grandes eventos no dejan de suceder en nuestra urbe pues el año 1486 tiene a bien recordarse por la reunión que entonces tuvo lugar entre lsabel la Católica y Cristóbal Colón en el Palacio Arzobispal.

Universidad Complutense (la de Alcalá)

Poco más de una década después, concretamente en el año 1499, el confesor de Isabel I y Cardenal, D. Francisco Ximénez de Cisneros, franciscano, funda sobre la base de los Estudios Generales del sigo XIII la Universidad de Alcalá, la Universidad de la Ciudad de Compluto, en base a un proyecto humanista y racional que pretende crear una nueva ciudad (Civitas Dei) en cuadrícula para la formación del clero y de los funcionarios, adaptada a los nuevos tiempos renacentistas. Aunque el proyecto de Cisneros contemplaba toda la villa medieval, respetó edificios existentes, modificó otros y levantó el polígono universitario al levante de la Plaza del Mercado, incluyendo el Camino de Guadalajara (hoy calle de Libreros) y el del Val (antigua calle de Roma, hoy Colegios), dividido en manzanas numeradas, reservadas para establecimientos universitarios. Sería el primer campus universitario, un esquema que se exportaría a otros recintos académicos del mundo. Esto supuso una nueva ampliación del perímetro amurallado, nuevas puertas de acceso a la urbe que, hacia 1515, serían nueve. El centro neurálgico de la universidad y sede del rector y de la elite académica sería el Colegio Mayor de San Ildefonso, donde se impartían Medicina, Derecho, Teología y Artes Liberales. Estaría acompañado por unos 35 Colegios Menores, dependientes o no del de San Ildefonso. Los independientes eran fundaciones particulares, de órdenes religiosas o militares. En 1508, allá por San Lucas, el día 18 de octubre, se imparten las primeras clases universitarias. Uno de aquellos primeros alumnos, Tomás, llegaría a ser arzobispo de Valencia y sería canonizado con el nombre de Santo Tomás de Villanueva.

En 2008 se recuerda el V Centenario de la apertura de aquél primer curso académico y se recupera una tradicional procesión de autoridades municipales y universitarias, desde la Iglesia Magistral-Catedral hasta la Capilla de San Ildefonso del Colegio Mayor.

Pasearon las rúas de Alcalá los mejores filósofos, científicos, literatos y religiosos del Siglo de Oro español: Francisco de Quevedo, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Lope de Vega, Mateo Alemán, Arias Montano, Antonio Suárez, Francisco de Vallés, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, Gaspar Melchor de Jovellanos, Torres Amat... entre otros muchos que dieron fama a Alcalá como dinámico centro intelectual de alcance universal.

En la Universidad de Alcalá se gestó la Biblia Políglota Complutense, para lo que Cisneros contó con la ayuda de humanistas como Elio Antonio de Nebrija, y de una herramienta nueva en Alcalá, tal que era la imprenta. La libertad de pensamiento que imperaba en Alcalá fue extinguida por Carlos I, gran luchador contra la Reforma Protestante. El emperador hispano-alemán, pese a sus simpatías por el pensamiento erasmista, pensó que el humanismo podría facilitar la entrada del protestantismo en España.

Alcalá es también cuna de ilustres personalidades, como Juan Ruiz “el arcipreste de Hita”, Fernando I de Bohemia, el poeta renacentista Francisco de Figueroa, el historiador de la conquista de México Antonio de Solís, el arquitecto Pedro Gumiel, el genial alarife Sebastián de la Plaza y algunos otros que veremos en adelante.

Fuero Nuevo

Un año después de las primeras clases sucede otro evento, de ámbito más comarcal. El 6 de febrero de 1509 se finaliza la redacción del Fuero Nuevo para Alcalá y su tierra común, promulgado y firmado por el Cardenal Cisneros. El 22 de febrero se presenta ante el concejo y se ordena que se pregone en la Plaza de la Picota (esquina de la calle Mayor y Plaza de Santos Niños). Los 304 artículos del fuero son una auténtica carta magna que viene a modernizar y ampliar el Fuero Viejo de 1135, el Fuero de las aldeas de Alcalá de 1223 y el posterior Fuero Extenso. El “Nuevo” tendrá vigencia hasta el final del Antiguo Régimen (siglo XIX). Por tanto, 2009 puede ser el año en que la Ciudad y los municipios de su Tierra recuerden un texto que les mantuvo unidos en una comarca: la Tierra de Alcalá.

Miguel de Cervantes

Casi 40 años después, tiene lugar el nacimiento en tierra complutense de D. Miguel de Cervantes Saavedra, inmortal creador del también imperecedero Don Quijote de la Mancha. El hijo más ilustre y universal de nuestra Ciudad fue bautizado en la Parroquia de Santa María y la partida de bautismo se conserva en la Casa Consistorial de Alcalá. Aunque podemos teorizar con su posible fecha de nacimiento (29 de septiembre, según algunos historiadores), la fecha constatada por la documentación conservada, su partida bautismal, es el 9 de octubre de 1547; una fecha inolvidable para toda la ciudadanía alcalaína.

Nacido presumiblemente en la calle de la Imagen, propiedad de la familia, casi enfrente del convento de Carmelitas Descalzas donde años más tarde profesaría su hermana. El padre de Cervantes era 'cirujano sangrador' una profesión con poco reconocimiento social, máxime en una ciudad que 'producía' cada año una buena cantidad de estudiantes de medicina. Sin embargo, Cervantes pasaría pocos años de su infancia en la ciudad complutense. Las penurias económicas de la familia y los diversos avatares a los que estuvieron sujetos, hicieron que se trasladaran pronto.

Sin embargo, Cervantes no dejó de aludir a su ciudad natal en sus obras y escritos; se declaró 'complutense' y buen conocedor de las historias y leyendas de la ciudad del Henares y sus cercanos cerros.

Evolución e involución

En 1561 la entonces villa pudo tener una población tributaria de 8.271 habitantes, según estudios. En esta población no se cuentan religiosos, nobles y universitarios. En ese año habría en torno a 7.000 estudiantes matriculados, de modo que la población podría frisar los 20.000 residentes, contando población flotante ligada al comercio. En 1571, la población estudiantil alcanza un techo de 8.000 matriculados, que caerá en vuelo picado y no se remontará hasta la creación de la Universidad de Alcalá en 1977, fecha en la cual empezarán a verse cifras de más de 20.000 estudiantes.

Dando saltos para no dilatarnos en exceso y dejando fuera las villas del alfoz complutense (las tratamos en otro apartado), pasamos a mayo de 1687 para asistir a otro momento importante, cuando Alcalá abandona su condición de Villa para ostentar un título de Ciudad, que obtiene del monarca Carlos II por petición del caballero Diego de Torres. La pretensión del título data de 1661, cuando Moez de Iturbide redacta un memorial con todas las cualidades de Alcalá que la hacen merecedora de tal título, pero entonces se desestima la petición. En 1686 el concejo recauda 5.000 ducados para ser Ciudad ('razón' de peso para obtener tal condición de una Corte necesitada de fondos). El año de 1687 llega la materialización del sueño.

El nuevo estatus no supondrá el mantenimiento de las condiciones gloriosas en las que Alcalá se desarrolló desde siglos atrás. A partir del siglo XVIII se produce un declive, a causa de la falta de rentas de las fundaciones de los colegios, por la expulsión de los Jesuitas y por el cambio del sistema universitario, en un proceso de secularización acorde con las corrientes ilustradas imperantes.

A comienzos del siglo XIX sucede la Guerra de la Independencia. Las tropas francesas entran en Alcalá y la ocupan. Se producen algunas luchas internas y represiones a la rebelión popular; en lo artístico y monumental, los soldados galos producen un gran expolio y destrucción dentro de los edificios. Los conventos y Colegios son utilizados como establos y cuarteles y los tesoros malvendidos o quemados. Se recuerda con un sencillo busto sobre columna en la plaza del Empecinado la Batalla del Zulema, en la que el guerrillero patriota Juan Martín Díaz, El Empecinado, y sus tropas libran batalla el 22 de mayo de 1813 contra las tropas napoleónicas, defendiendo el ancestral puente del Zulema. Dos años antes, en 1811, por las Cortes de Cádiz quedan abolidos los señoríos e inservible el Fuero Nuevo, que habría tenido vigencia hasta este momento.

Desamortizaciones, el principio del fin

A finales del XVIII se produce una corriente de desamortizaciones que pretende poner en el mercado, mediante subasta pública, las posesiones y bienes no productivos que estaban en manos de las denominadas “manos muertas”, a saber, la iglesia Católica, órdenes religiosas y nobleza. Con Juan Alvarez Mendizábal sucede la primera gran desamortización de bienes eclesiásticos de la ciudad, afectando a los conventos de frailes en 1836, salvo los dedicados a la beneficencia y la enseñanza. Paradójicamente, la Compañía de Jesús (expulsada en 1767 y retornada posteriormente al país), orden dedicada a la enseñanza, fue desamortizada y, con ella, bienes como el Colegio Máximo de Jesuitas y la Iglesia de la Compañía de Jesús. Otros 8 edificios fueron desamortizados. Los conventos femeninos, si tenían más de 12 monjas, podrían seguir en su sitio; pero también sufrieron esta medida el Palacio Arzobispal y los bienes de la Magistral. Posteriormente, Pascual Madoz lleva a cabo otra política de desamortizaciones en 1855. Pero en este caso y en nuestra Ciudad, afectó a los bienes pertenecientes al ayuntamiento. Aunque tocó a algunos bienes eclesiásticos, la mayor parte de lo desamortizado fueron fincas rústicas de nuestro término (la alameda del Val, Barranco del Lobo, la Alvega, etc.) Estas medidas, que pretendían dinamizar y aumentar la clase burguesa, no fue exitosa. De las 376 fincas subastadas, sólo se adquiere una tercera parte. Además, unas veces pasan a ser del estado y otras se desmantelan, con la consiguiente destrucción del rico patrimonio artístico de Alcalá. Se pusieron en venta muchos edificios para muy pocos compradores; los precios bajaron y las ganancias para el Estado fueron escasas. El resultado fue que unos pocos se enriquecieron más, y unos muchos acabaron más pobres.

Entre otras medidas liberales ocurre la supresión de los señoríos, como ya se ha dicho líneas arriba, de modo que Alcalá deja de ser una importante ciudad perteneciente al Arzobispado de Toledo, para ser una población eclipsada en la recientemente creada provincia de Madrid, bajo la inercia capitalina. Se cierra la Universidad de Alcalá para fundar con sus restos una nueva en Madrid, en 1836, durante el reinado de Isabel II. Con la nueva Universidad Central de Madrid se adopta el sistema centralista importado de Francia. Esta universidad de nueva planta pretendía ser ejemplo y centro para todas las restantes universidades de la Nación; de hecho, sería por años la única que impartiría grados mayores. Con su universidad, Alcalá perdería población y una ingente cantidad de profesionales ligados a la academia complutense. Alcalá se ruraliza, empobrece y se convierte, como último recurso para frenar su decadencia, en ciudad cuartelaria. Para ello, numerosos colegios y conventos pasan a albergar instituciones dependientes del ejército: cuartel de ingenieros, prisiones, imprenta, Comandancia General, Repuesto del Arma de Caballería, Provisiones militares, Escuela de Equitación, Escuela de Herradores, cuarteles de caballería, de infantería, de la Guardia Civil (en el número 40 de Libreros) o el Hospital Militar, en el exconvento de la Victoria.

Una luz en la oscuridad, la Sociedad de Condueños

A mediados del XIX se cierne sobre los edificios de la manzana fundacional universitaria un proyecto mercantil que pretendía la instalación, entre otras cosas, de una granja de gusanos de seda y el posible traslado de la fachada del Colegio Mayor de San Ildefonso a América, o su destrucción para conseguir grava. Tal fue lo que pretendió el conocido político y 'mecenas' aragonés Conde de Quinto, nuevo propietario y expoliador impenitente del patrimonio alcalaíno. Desmanteló los pináculos del patio Trilingüe, se llevó las campanas de S. Ildefonso, derribó el arco de la calle Gumiel... Alertada la ciudadanía de esta pérdida inminente, reacciona afectando a todas las capas sociales. Se consiguió detener la destrucción gracias a la constitución de una Sociedad de Condueños, constituida el 28 de octubre de 1850. Esta sociedad funcionará por acciones que cualquier complutense podrá comprar, sin que ninguno de sus miembros pueda acaparar nunca más de una cierta cantidad de participaciones. Al alcanzar la cifra de 80.000 reales, precio fijado para la venta por D. Javier de Quyinto, la sociedad consiguió hacerse propietaria de varios edificios de la antigua Universidad, la 'manzana universitaria', que incluye al antiguo Colegio Mayor. Aún hoy existe la Sociedad de Condueños, dado que las acciones se heredan. Pero en la actualidad, perdida en buena parte su razón de ser, es poco más que una sociedad honoraria escasamente activa.

Del siglo XIX al XX

11.206 alcalaínos dan la bienvenida a un siglo XX que verá el crecimiento económico y demográfico de la Ciudad. Alguna representación arquitectónica de corte ecléctico y burgués hablan de un cierto repunte. Pocos años atrás, aún en el siglo XIX, se edifican el actual Ayuntamiento (aprovechando el Convento de Agonizantes), Teatro Salón Cervantes, Círculo de Contribuyentes, matadero municipal de Ronda de Pescadería. A principios del XX, la ciudad tendrá edificios modernos como el Hotel Cervantes, el Palacio Laredo y el ensanche burgués en que se ubica junto con pequeñas villas y hotelitos (Quinta de S. Luis, villa de los Clos...) a la vera de la estación de ferrocarril (que llega a la ciudad en 1857) y del Paseo de la Estación.

Tras el levantamiento de los militares nacionales sublevados en julio de 1936, España entra en un trienio lamentable que enfrenta a hermanos. Aunque Alcalá no acusa una pérdida poblacional entre el 36 y el 39, se produce una pérdida increíble e irrecuperable de patrimonio arquitectónico y artístico, estimada en 2/3 de lo que había antes de la contienda. Desaparecen las Sagradas Formas y la tradición que había en torno a su procesión, imaginería como el Cristo de Mena y numerosos pasos y misterios más, se incendia Santa María La Mayor, la Magistral o la mayor parte del Palacio Arzobispal (ya finalizada la guerra), la auténtica joya de la Ciudad.

Tras la guerra aparecen unas pocas industrias: harineras, medias, calzados y varias cerámicas con 370 empleados. Continúa Forjas de Alcalá, dedicada a la construcción de material ferroviario, que existía antes de la guerra, como la cerámica Estela. En 1945 tan sólo existían 8 industrias de más de 10 empleados. Son los años 40 y Alcalá roza los 20.000 habitantes. Una ciudad desolada, cuyas calles se pasean en medio de gigantes pétreos y arcillosos, expoliados y en ruinas; algunos de ellos cobijaban familias enteras, como las decenas que dormían en las naves de la Magistral. Se toman medidas para la mejora urbana de Alcalá y se construyen viviendas baratas de una sola planta en algunos barrios, con carácter urgente. Acude a la Ciudad una pequeña inmigración procedente de los pueblos de la Tierra de Alcalá y de la vecina Guadalajara.

Llegan los años sesenta y se produce la verdadera oleada migrante, que llega desde las áreas rurales de España: Andalucía, Extremadura, provincias castellanas, Asturias... Unas 400 industrias se instalan en el solar complutense, de las que GAL y Roca son pioneras. En torno al caserío medieval y a los barrios extramuros, como el ensanche de la estación y los arrabales de Santiago y Mártires, crecen populosas barriadas obreras. Se trata de un urbanismo caótico que utiliza antiguos caminos agrícolas radiales, desde la ciudad, para asfaltarlos como avenidas vertebradoras de la nueva Alcalá (Juan de Austria, Reyes Católicos, Avenida de Daganzo, Caballería Española, Paseo de Pastrana o Paseo del Val). Apenas 30.000 habitantes son el colchón social que trataría de impedir el esperable proceso de desarraigo de la ciudad, que ha ocurrido en los pequeños pueblecitos de cerca de 1.000 habitantes venidos a grandes ciudades, y que abrazan Madrid. La ciudad acusaría los efectos del desarrollismo y tendría barrios y calles enteras sin asfaltar hasta hace no muchos años; el hospital no se construiría hasta 1986 y el alcantarillado, insuficiente, junto con la falta de medidas de control de vertidos al río, serían notables problemas medioambientales.

1968 es el año en que nuestra Ciudad es declarada Conjunto Histórico-Artístico, con varios edificios declarados Monumento Nacional algunas decenas de años antes.

Durante el régimen dictatorial de Francisco Franco se instala en la ciudad, aprovechando las instalaciones del Colegio Mayor de S. Ildefonso, el Instituto Nacional de la Administración Pública, que formará por décadas a funcionarios españoles y de hispanoamérica. Se crea el Archivo General de la Administración, la Universidad Laboral (en el Campo del Ángel) para la formación de técnicos medios y peritos. Y finalmente, tras muchas insistencias, gestiones y esfuerzos, se restablece la Universidad de Alcalá en 1977; si bien no se le permite conservar el legítimo nombre de 'Complutense', que detenta desde esas mismas fechas (mediados de los años setenta), la anterior Universidad Central de Madrid. Pese a las reclamaciones efectuadas ante las oportunas instancias, no se consigue que la universidad capitalina devuelva ni el gentilicio, ni los bienes expoliados a la universidad de Alcalá en el siglo XIX.

Alcalá en el día de hoy

En 1983 se crea la Comunidad Autónoma de Madrid y se diseña un modelo territorial por el que nuestra ciudad se define como un núcleo de población satélite de la Villa y Corte; núcleo al que no se le reconoce su dilatada historia, fundamental para la Historia de Castilla y España. Alcalá no ve recompensado su glorioso pasado, como sí consiguen Mérida, Cartagena o Santiago de Compostela. Queda postrada como solo uno más entre los pueblos madrileños. Se mantiene el desdén y el centralismo acaparador y agobiante del nucleo capitalino, que considera al resto de poblaciones de la provincia como poco más que barrios dependientes.

Entre los 80 y los 90 se produce un nuevo crecimiento urbanístico. Aunque mejor planificado, la ciudad en su expansión amenaza a su entorno, ocupando la Vega del Henares y la ZEPA cerealista, pese a las figuras de protección legal que supuestamente les ampara. La expansión urbana es a base de vivienda unifamiliar y crecimiento horizontal, de modo que la superficie triplica a la ciudad sesentera de los 150.000 habitantes, aunque el crecimiento poblacional aumenta en 30.000 más.

En 1991, con la segregación del arzobispado de Madrid, la ciudad de Alcalá ve restablecido el obispado que perdiera en el siglo XII a favor del poderoso arzobispado de Toledo. La antigua Complutum, diócesis y sede episcopal romana y visigoda, recupera esta dignidad, obteniendo por este hecho la Santa e Insigne Iglesia Magistral un título más: el de Catedral. La modesta cella martyrium, erigida sobre el lugar de sacrificio de los Santos Niños, obtiene (y recupera) otro rasgo en su largo periplo histórico.

En 1995 Alcalá recibe el premio Europa Nostra, por el que se reconoce la labor restauradora de los edificios históricos, rehabilitados en su mayor parte para albergar la Universidad restablecida. Tres años después, un 2 de diciembre de 1998, Alcalá recibe la distinción prestigiosa de manos de la UNESCO y es declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad, título que afecta a su Universidad y centro histórico. La Ciudad del Saber, el proyecto universitario de Cisneros, la difusión del conocimiento humanista y de la lengua castellana, serán los motivos de tal galardón.

En 2005 Alcalá se acoge a la Ley de Modernización de las Administraciones Locales, por lo que queda incluida en el grupo de Grandes Ciudades, con lo que eso supone en su administración y órganos de gobierno.

Hoy, al escribir estas líneas, víspera de Todos los Santos, día de la celebración de uno de los acontecimientos culturales más entrañables de Alcalá, el Don Juan Tenorio (declarada Fiesta de Interés Regional), la capital alcalaína supera los 207.000 habitantes y se enfrenta a ciertos problemas de identidad. La población local forma parte de la metropolitana, cifrada en más de 6 millones de habitantes y el tejido urbano alcalaíno dista poco de estar absorbido por la mega urbe madrileña. Un nuevo orden global con ideas de desarrollo infinito, lleva a lo local el modelo urbanístico que dibuja una ciudad que salta el Henares para invadir los cerros de la Alcarria de Alcalá y la Campiña cerealista del Henares, sagrado reducto biológico. Presenciamos un momento de notorio desarraigo ciudadano y, para evitarlo, es fundamental conocer la riqueza natural, geográfica, folclórica e histórica de Alcalá y su Tierra. Sólo conociéndola se podrá preservar y mantener una identidad que nos una contra la impersonalidad impuesta e imperante.


PMGC - Noviembre 2008





 

Ecologistas en Acción - Alcalá de Henares