Colegio de San Martín y Santa Emerenciana, vulgo de Aragón

Fachada, aspecto general, muy alterado
(marzo 2002)
(ya desaparecida)
Fundado en el año
de 1611 por Don Martín Ferrer de Valenzuela, natural de Daroca,
antiguo colegial del Colegio de la Madre de Dios (Teólogos) y después
del Mayor de San Ildefonso; catedrático en Artes por la Universidad,
arzobispo de Zaragoza. Según señalan los Annales Complutenses,
"estudió en esta Universidad desde las primeras letras.
Fue colegial, gramático, artista, theólogo trilingüe
y mayor. Fue proveído por canónigo de la santa iglesia mayor
del Aseu de Zaragoza [la Seo] y ascendió a los obispados
de Albarracín, Teruel. Y teniendo esta silla fundó el colegio
de Taraçona. Y después fue arzobispo de Zaragoza".Dotado
con 2.000 ducados de renta anual, estaba destinado a dieciséis
estudiantes aragoneses de Teología, más rector y criados.
Indica Esteban Azaña que "el colegio pagaba los derechos
de los actos que ejercitaban los indivíduos del mismo durante la
carrera de teologia". Calleja Carrasco indica que se trataba
de ocho actos los que tenían que ejercitar; de esta manera, se
les libraba del elevado coste de estos ejercicios. En 1780, aprovechando
una de las reformas universitarias, fue absorbido por el Colegio de Málaga,
al igual que ocurrió con otros colegios.
Estudiantes significados con "manto azul y beca acanelada; unir
a esta color la del theólogo" (Annales Complutenses).
El edificio, de ladrillo con zócalo de piedra, "en cuya
fábrica y fundación gastó más de sesenta mil
ducados" (Annales Complutenses), destacaba en la calle
Santiago por dos airosos torreones, hoy desaparecidos (desmochados a finales
del XIX), a ambos extremos de su fachada; en ésta, muy alterada
por la instalación de comercios nada respetuosos con la fábrica
original, aún se nota el recrecimiento, sobresaliendo en unos centímetros
con relación al cuerpo central. Originalmente tenía dos
puertas de acceso: una a las dependencias del colegio y la otra a su capilla.
Informa Esteban Azaña que, desde 1810, los Mercenarios (mercedarios)
Calzados residieron en este edificio por haber destruido los invasores
franceses el convento que tenían en la calle Roma (calle de Colegios),
situado entre los edificios de Basilios y el Colegio de Manriques.
Al cesar el uso universitario pasó a manos particulares, siendo
destinado a viviendas. Tuvo instalada una bodega, comercio de vinos, en
su planta baja, de lo que aún da señal la gran tinaja que
allí se conserva. El otro extremo del edificio fue seriamente alterado
y dedicado a garaje de vehículos. En la actualidad (agosto/2008)
se llevan a cabo obras en el interior que no parecen ser de rehabilitación,
sino de nueva construcción de viviendas, en el espacio interior
que era garaje moderno, desconociéndose cuán respetuosas
(o no) puedan ser con el edificio original.
Se le denominó también Colegio de Tarazona, de donde su
fundador, D. Martín Ferrer, había sido también obispo.
Asimismo, había sido obispo de Tarragona y de Teruel, además
de canciller del Reino de Aragón (Calleja Carrasco).
Negligencia y pérdida
Lo supraescrito es, poco más o menos, la reseña que hasta hace poco se podía hacer en relación a este edificio. Pero... en el verano de 2008 se dio comienzo a lo que se anunciaba como una rehabilitación del edificio, en manos de promotores privados. Inicialmente se dijo iba destinado a apartamentos, pero respetando su alto valor.
Pese a tratarse de un edificio antiguo tan estructuralmente delicado,
las obras se iniciaron sin establecer un andamiaje de consolidación, alguna estructura portante o similar, tal como sería de esperar. Este detalle, que llamaba la atención a simple vista, fue denunciado públicamente. Pero no se hizo nada, ni por el promotor, ni por el Ayuntamiento de Alcalá, que supuestamente debe velar por el Patrimonio, quien concedía la licencia y fijaba las condiciones.
Al poco tiempo ocurrió lo que se temía y preveía: buena parte del edificio se vino abajo. Fue entonces cuando el Ayuntamiento se rasgó [falsamente] las vestiduras de cara a la galería. No había exigido las necesarias medidas protectoras, y ahora ponía el ¿grito? en el cielo. Aun así, la constructora continuó con el derribo de los restos interiores, cubriendo la fachada con un entelado de diseño, que muestra lo que supuestamente será la "reconstrucción" del edificio. Sin más responsabilidades. Una novedad: colgó el cartel nuevo de "futura residencia de estudiantes". Vana pantomima para esconder lo que en realidad pasó
Por negligencia, estupidez, interés oculto o como cada uno quiera denominarlo (nosotros nos reservamos el epíteto), se perdió definitivamente este notable edificio universitario complutense. Uno más que se añade al largo suma y sigue del gobierno municipal de D. Bartolomé González, alcalde que podrá llevar a gala ser el que más patrimonio deja perder bajo su mandato en muchos siglos.
¿Alcalá de Henares Ciudad Patrimonio de la Humanidad? Por desgracia, cada vez menos.
JR - Agosto/2008
(act. mayo 2009)

Vista lateral, hacia la Calle Cerrada (julio 2001)
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