Ecologistas en Acción - Alcalá de Henares

Alcalá de Henares y su Tierra
 
Edificios del centro histórico
 


Colegio convento de San José de la congregación de Clérigos Menores, vulgo Caracciolos


Fachada del colegio convento (diciembre 2001)

Fue por el año de 1601 cuando llega a Alcalá el padre Francisco de Caracciolo, uno de los fundadores de esta Orden de Clérigos Menores. Con el deseo de establecer colegio, compra una casa al final de la calle de Roma, cerca del monasterio franciscano de Santa María de Jesús. En junio de 1603, los frailes se mudan a otras casas colindantes con el colegio de San Pedro y San Pablo (Román Pastor). La escritura se fecha el 13 de noviembre de 1603. Continúan comprando propiedades anejas para poder ampliar el colegio. Sin embargo, al carecer de fondos, no se deciden a levantar el deseado edificio.

Consiguen patronos en las personas de Don Diego Renjifo y su mujer Doña Juana de Luján, fijados los términos en escritura del 27 de octubre de 1621. Los patronos se comprometen a una renta perpetua de 1.000 ducados; a cambio, como era habitual, obtenían el derecho a colocar sus blasones en la capilla mayor, a enterrarse allí y a numerosas misas por sus almas. Este patronazgo 'perpetuo' es cedido en 1628 al conde de Valdeláguila, Don Antonio Alosa Rodarte (había fallecido don Diego y su viuda profesó como carmelita). Para estas fechas, con nuevo empuje, comienzan a adquirir propiedades junto al convento de Santa Clara. Con el tiempo, se acaban haciendo con toda la manzana, por compra.

En la construcción actuó como alarife el alcalaíno Sebastián de la Plaza. El autor de las trazas es desconocido. Se trata de un edificio propio del barroco, con ciertas influencias clasicistas. Levantado en torno a dos patios, de dos plantas, entre los que se sitúa una amplia y majestuosa escalera, elemento central de comunicación del conjunto.

La iglesia fue levantada a lo largo de la segunda mitad del siglo XVII, siendo lo primero en lo que se trabajó. Aunque las obras se prolongaron hasta bien avanzado el siglo XVIII. De fachada retranqueada, para dotarla de perspectiva, realizada en ladrillo, cubierto de revoco de cal y arena, policromado, con arquitectura fingida. La portada se halla coronada por una hornacina con la imagen de San Francisco Caracciolo.

La fachada principal del colegio convento sigue paralela a la calle de la Trinidad; a su extremo oeste, la iglesia; al este, un testero que 'añade' una planta, rematado por frontón, buscando equilibrar la mole de la iglesia. De ladrillo, sobre zócalo de piedra, de ventanas enrejadas, tiene la portada de acceso en el extremo oeste. Ésta posee en su parte superior un frontón partido, en cuyo tímpano existe un bajorrelive muy dañado que parece representar la Resurrección (Román Pastor).

La Desamortización dejó vacío el edificio que, finalmente, pasó a manos militares. Como en tantos otros colegios que pertenecieron a órdenes religiosas, de grandes proporciones y, por lo tanto, de dificil salida en venta, este destino a usos castrenses posibilitó que se salvara y podamos contemplarlo en nuestros días. A este Colegio de Caracciolos le cupo en suerte ser destinado, inicialmente a cuartel de caballeria; aunque no hay constancia de que se llegara a ocupar. Según las relaciones del Cuerpo de Ingenieros militares (años 1844, 45, 49 y 51), tenía capacidad para 200/300 hombres y 246 caballos, encontrándose libre de cargas y en estado de conservación "regular" (Archivo Gral. Militar). Posteriormente fue destinado a Intendencia Militar. Se cerraron los vanos de los patios con ventanas y se hicieron otras modificaciones para adecuarlo a su nuevo destino.

En 1856 la iglesia había perdido la linterna y aguja que remataban su cúpula, demolidas por supuesta ruina. Pero ahí no terminaron sus desdichas. Poco más de un siglo después (1966) la iglesia, que se hallaba sin uso, sufrió un incendio que dañó seriamente la nave, perdiendo toda la techumbre. Quizá la falta de medios, o de interés, hizo que permaneciera así, medio derruida y abandonada por varias décadas. Finalmente, el edificio perdió su condición militar y se cedió a la Universidad de Alcalá. La iglesia fue restaurada, con un respeto exquisito a su estructura original, siendo en la actualidad sala de conciertos y de exposiciones. La parte conventual también se restauró y adaptó a su nuevo y actual uso universitario.

En lo que fue huerta del colegio convento se han habilitado jardines y una nueva estructura, moderna, que da cobijo a la Biblioteca Pública Municipal, Centro de Documentación y al Archivo Histórico Municipal. Un edificio que, en 2008, ya tiene serios problemas de falta de espacio y medios.

¿Quién era Francisco Caracciolo?


Nacido en 1563, el 13 de octubre, en la región de los Abruzzos (Italia), recibió al nacer el nombre de Ascanio. Siguió la carrera militar hasta que una enfermedad, la lepra o similar a ella, diera un giro brusco a su vida, cuando contaba alrededor de 21 años. Apartado de todo y de todos (el estigma de los leprosos), hizo voto de dedicar su vida a Dios si sanaba, lo que finalmente ocurrió. Marchando a la ciudad de Nápoles, entró en la congregación de los Blancos, dedicada al cuidado de enfermos, presos y desvalidos. Allí conoce a Juan Antonio Adorno. En Nápoles se ordena sacerdote (1587).

En esta época, con un tercer compañero, realizan planes de establecer una nueva congregación religiosa. A los tres votos habituales (pobreza, castidad y obediencia), le añaden un cuarto: no aceptar dignidades eclesiásticas. La Orden es aprobada con el nombre de Clérigos Menores por el papa Sixto V. Ascanio se cambia su nombre por el de Francisco (en devoción a San Francisco de Asís). Se les agregan otros religiosos. Francisco muere en Nápoles a la edad de 44 años, el 4 de junio de 1608. Es beatificado en 1769 y canonizado en 1807.

En su 'visita fundacional' a Alcalá no pudo acompañarle Juan Antonio Adorno, como indica Esteban Azaña en su obra (Juan Agustín Adorno le llama allí, además de situar la visita en la imposible fecha de 1508), pues este cofundador de los Clérigos Menores había muerto en Nápoles el 18 de febrero de 1591.

De nuevo, la superstición de Felipe II

Felipe II era un rey hondamente religioso, a la par que muy supersticioso. En los tiempos de las visitas de Francisco Caracciolo a España, el rey había decretado que no se permitiesen fundar nuevas congregaciones religiosas en su reino, habida cuenta de la gran proliferación de ellas. Sin embargo, el rey padecía de dolorosa gota, y sus dolores se agravaban por momentos. ¿Le ocurriría esto por su negativa en el asunto de los Clérigos Menores ('castigo divino por su pecado')? El rey decidió rectificar, mandó llamar a Francisco y, finalmente, le autorizó a fundar casas de su Orden en España.

JR - Agosto/2008


Portada del colegio convento (diciembre 2001)


Portada de la iglesia (diciembre 2001)


a




Volver al plano de edificios


Volver a página principal


 

Ecologistas en Acción - Alcalá de Henares