Colegio de San Ciriaco y Santa Paula, vulgo de Málaga

Vista general (agosto 2008)
Aquí nos encontramos
con uno de los edificios más bellos y monumentales del entramado
histórico de la Alcalá universitaria. También, por
suerte, de los mejor conservados.
Se trata de una fundación establecida el 28 de julio de 1611 (Gutiérrez
Torrecilla). Su fundador, Don Juan Alonso de Moscoso, natural de la villa
de Algete, era obispo de Málaga; además de haberlo sido
de Guadix y de León; y arzobispo electo de Santiago (no llegó
a tomar posesión). Se trataba de un antiguo colegial teólogo
de la Madre de Dios, que había alcanzado las más altas cotas
eclesiásticas y recordaba, agradecido, su Universidad, empresa
a la que quería contribuir.
El colegio había sido establecido para dieciséis estudiantes:
doce de Teología y cuatro de Cánones. Los becados deberían
ser naturales del arzobispado de Toledo (ocho), de Castilla la Vieja (uno),
La Mancha (otro) y Málaga (uno más). El cupo se completaba
con otros cinco estudiantes más, que debían ser aceptados
por sus méritos. Tenía una dotación de 3.000 ducados.
El sobrino del fundador, Don Juan Arias de Moscoso, deán de Málaga,
puede ser considerado como co-fundador, habida cuenta del papel relevante
que desempeño en la organización y puesta en marcha del
colegio. Aumentó el 10 de septiembre de 1619 una beca, destinada
a los naturales de Málaga, dotando al colegio con 4.000 ducados
de capital (Esteban Azaña).
Los estudiantes usaban manto encarnado, con beca morada, sin rosca, y
bonete negro cuadrado.
El 13 de abril de 1610 se tomó posesión del solar donde
se levantaría el edificio, propiedad del colegio de San Agustín;
se escrituró en septiembre. En 1613 llegaron los primeros colegiales,
alojados en otras casa provisionalmente, en tanto que el colegio estuviera
habilitado. El 22 de febrero de ese mismo año se obtiene licencia
de la Universidad. El edificio del colegio empezó a ser levantado
en el verano de 1623, bajo las inequívocas trazas de Juan Gómez
de Mora, arquitecto real (aunque no hay prueba documental de ello); como
aparejador, encontramos al alarife alcalaíno Sebastián de
la Plaza. Pero por sucesivos contratiempos, la construcción se
prolonga en el tiempo.
Pese al texto de la imposta que abajo citamos, la obra no se terminó
en 1626. Continuó a buen ritmo. Pero se paralizó en el año
de 1630 por diversas dificultades, no retomándose hasta 1635. No
obstante, los colegiales empiezan a habitarlo en 1628 (Gutiérrez
Torrecilla). Entre 1643 y 1645 muere Sebastián de la Plaza, haciéndose
cargo diferentes alarifes.
El estilo del edificio se encuadra dentro del llamado 'barroco madrileño'.
Un amplio cuerpo central enmarcado entre dos soberbios torreones culminados
en chapiteles de pizarra y aguja, que recuerdan la arquitectura escurialense,
con sillares de piedra en los ángulos de las dos primeras plantas,
y una línea de imposta entre plantas, grabada en latín con
la inscripción A FUNDAMENTIS ERIGIT VRGET, AC PERFICIT, ILLVSTRISSIMVS
DOMINVS, D IOANNES ALPHONSVS MOSCOSSO PRIMVM, EPISCOPVS GVADICENSIS DEINDE
LEGIONENSIS, POSTEA, MALACITANVS, DEMVM ELECTVS COMPOSTELLANAE SEDIS ARCHIEPISCOPVS,
ET EJVSDEM PRAE HUMILITATE, AC MAGNANIMITATE CONTEMPTOR, ILLIVS PRIMVM
SIMVL ET PERPETVVM RECTOREM, AC PATRONVM PRAEFICITE SORORE FILIUM, DOCTOREM
D IOANNEM, ARIAS, ET MOSCOSSO, DECANVM MALACITANAE ECCLESIAE, VTRIVSQVE
MVNIFICENTIA, ET INDVSTRIA INCVMBIT OPERI, ANNO, 1626, PONTIFICE MAXIMO,
VRBANO, OCTAVO, ET, HISPANIARVM, REGE, PHILIPPO IIII. En la torre derecha,
otra imposta sobre la segunda planta reza EIVSDEM SANCTIS INVICTIS QUE
MARTYRIBVS CYRIACO, ET PAVLA PVBLICVM DIVINAE THEOLOGIAE DOMICILIVM MALACITANVM
COLLEGIVM (Nota: todas las transcripciones que hemos encontrado, impresas
en diferentes obras, contienen errores. El autor de estas líneas
asegura que lo escrito aquí arriba cuadra hasta el último
detalle perceptible con lo que hoy día se halla grabado en la piedra;
letra a letra, coma a coma).
A ambos extremos de la fachada, junto a las torres, dos puertas con arco
de medio punto. Sobre ellas, sendos balcones junto a los que se sitúan
los blasones de la familia del fundador. La puerta de la derecha es la
principal; la de la izquierda, era la habitual entrada de carros.
La fachada está levantada sobre un zócalo de piedra que
va decreciendo en altura según entra en la calle de los Colegios.
Se suele explicar que es este un artificio del arquitecto para acentuar
la perspectiva del edificio. En nuestra opinión, tan magnífica
fachada no necesitaba de efecto alguno para acentuar su ya lograda perspectiva
y belleza. Esa diferencia en la altura del zócalo de un extremo
a otro se debe, simplemente, al desnivel natural de la calle en su encuentro
con la nivelación necesaria para la construcción. No se
podría haber hecho de otra forma.
Dos patios distribuyen el interior del colegio. En el de la derecha, algo
más grande, se encuentra una bella fuente de piedra, obra de Miguel
de Arteaga, labrada en 1765. Entre ambos patios, una amplia escalera cubierta
por cúpula oval con linterna.
Vicisitudes para un edificio 'multiusos'
Este colegio, como tantos otros de Alcalá, no dejó de sentir
en sus muros el paso del tiempo. Sus buenas rentas prolongaron su vida,
e incluso permitieron que se le pudieran añadir otros, que fueron
quedándose menguados (reforma de 1780). Pero la Guerra de la Independencia
trajo el desastre de la mano de los invasores galos. En 1809, un incendio
dañó seriamente el inmueble, entonces requisado como cuartel.
En 1823 es ocupado por los Cien Mil Hijos de San Luis, tropas francesas
que acudieron a España para restablecer en el trono al absolutista
Fernando VII.
Fue Escuela de Artillería de 1829 a 1836. En este último
año fue saqueado por tropas amotinadas. Quedó definitivamente
sin uso en 1843. En 1858, cuando la ciudad de Alcalá contemplaba
convertirlo en su nuevo Ayuntamiento, el gobernador civil de Madrid decide
ubicar allí el Asilo de San Bernardino, para lo que se realizaron
obras que alteraron la estructura interna del edificio. Este asilo dependía
del Ayuntamiento de Madrid y atendía a niños y ancianos.
Posteriormente cambió el nombre al de Nuestra Señora de
la Paloma (la patrona capitalina), pasando a albergar solamente niñas.
Entre 1932 y 1934 el edificio permanece cerrado y sin uso. Se abre como
colegio con el nombre 'Antonio de Solís', pero es de vida breve.
Durante la Guerra Civil (1936/39), lo ocupan tropas republicanas. Tras
la guerra, estuvo vacío hasta 1947, año en el que se decide
convertirlo en archivo y empiezan las nuevas obras para adecuarlo a este
fin. Pero desechado este proyecto, el Ayuntamiento de Madrid recupera
el inmueble y lo transforma en colegio/internado, sometiéndolo
a una profunda reconstrucción. Estamos ya en el año de 1949.
Los años transcurren y las circunstancias varían. Finalmente,
en 1985, el Colegio de Málaga pasa a manos de la Universidad de
Alcalá, recuperando su vocación universitaria; la que soñaran
para él sus fundadores Moscoso. En la actualidad se destina a Facultad
de Filosofía y Letras. Desde entonces, ha tenido diferentes restauraciones
bajo criterios respetuosos con su historia y espíritu, gracias
a las cuales el edificio se halla en aceptable estado y pleno de vida
universitaria. Vuelve a ser una de las joyas arquitectónicas de
la Universidad de Cisneros.
¿San Ciriaco y Santa Paula?
La advocación de este colegio seglar es sencilla de explicar: se
trata de los patronos de Málaga, de donde era obispo el fundador
y deán su sobrino co-fundador. Ciriaco y Paula fueron dos jóvenes
malagueños de finales del siglo III, cuando la ciudad se hallaba
bajo el Imperio Romano. Con motivo de la décima persecución
decretada por el emperador Diocleciano contra los cristianos, fueron detenidos
y obligados a hacer sacrificios a deidades romanas. Ciriaco y Paula se
negaron. Por ello fueron condenados a muerte y lapidados el 18 de junio
del año 303, en el lecho del río Guadalmedina, en un lugar
hoy denominado Martiricos.
La fuente de la boca de león
Entre las leyendas complutenses, se cuenta una acerca de la peculiar fuente
de Arteaga, situada en el patio principal de este colegio, y su boca de
León. A la manera de otras fuentes foráneas, esta tenía
la supuesta virtud de ser útil a las celosas alcalaínas.
Cuando sospechaban de la fidelidad de sus galanes, les acercaban a la
fuente, para que metieran los dedos de la mano derecha dentro de la boca
del león. Si habían sido leales caballeros de sus damas,
volvían a sacar la mano íntegra. Pero si habían sido
infieles, ¡ay!, perderían dolorosamente los dedos dentro
de la pétrea boca.
Nos podemos imaginar la candidez de quienes tal creían. O la incertidumbre
del galán de intranquila conciencia, pensando temeroso, mientras
introducía la trémula mano en la boca leonina, si no habría
alguna verdad en la leyenda y...
JR - Agosto/2008

Puerta principal de acceso (agosto 2008)
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