Colegio de San Felipe y Santiago, vulgo del Rey

Fachada principal (septiembre 2008)
Colegio fundado entre 1550
y 1551 por el rey Felipe II, para que estudiasen hijos de criados y funcionarios
de la corte. Tendría 2.000 ducados de renta anual, para el sustento
de dieciséis colegiales, que estudiarían Teología
y Cánones, junto con rector y servidumbre. La obra es terminada
bajo su hijo, el rey Felipe III, motivo por el que es éste quien
aparece en el lema del dintel de entrada: "PHILIPPUS III REX CHRMO"
(Felipe III Hispaniarum Rex Christianissimo).
Los estudiantes llevaban manto de paño pardo y beca azul turquí
(E. Azaña).
El edificio, por sus trazas, es atribuido a Francisco de Mora (Juan Gómez
de Mora según E. Azaña). Tiene patio de dos alturas; la
inferior con arcos de medio punto y la superior, originariamente también
con arcos, en la actualidad muestra balcones. Fachada exterior con dos
torreones cuadrangulares flanqueándola, y el escudo real en la
portada, sobre el dintel del balcón central, en el tímpano.
Tuvo capilla decorada con cuadros de Bartolomé González,
representando a San Felipe Apóstol, Santiago el Mayor y Santiago
el Menor.
Entre sus rectores se halla el insigne humanista D. Ambrosio de Morales,
quien trató en algunas de sus obras acerca de las antigüedades
de la ciudad complutense. Uno de sus más conocidos colegiales fue
D. Francisco de Quevedo y Villegas, quien retrató algunas escenas
de la vida estudiantil en su obra "El Buscón". También
fue colegial D. Antonio Pérez, el tristemente célebre secretario
de Felipe II que, con su traición y libelos difamatorios, tanto
contribuyó a la creación de la leyenda negra sobre España
en el extranjero.
Tras la desamortización de bienes universitarios, pasó a
manos particulares. Pero al declararse en quiebra el comprador, el edificio
volvió al Estado, quien lo utilizó como oficina de Correos
y Telégrafos. Volvió, por venta, a particulares, siendo
muy reformado; entre otras modificaciones, se remetieron las rejas de
ventanas de la planta baja, que originalmente sobresalían; también
se añadieron balcones, transformando para ello las ventanas de
la primera planta. Inicialmente solo tenía el balcón sobre
la puerta de acceso y en la parte superior de las dos torres; uno en cada
una.
En el Archivo Histórico Militar se guarda un proyecto, de 1860,
por el cual se establecería un regimiento de caballería
en el cercano Colegio Máximo de Jesuítas. Para dotarle del
espacio e instalaciones necesarios, el proyecto incluía a este
Colegio del Rey, así como la posesión del Sr. Ugarte en
el otro extremo de la finca, junto a la Puerta de Mártires. El
proyecto no llegó a cuajar y de él tan solo nos quedan los
planos y memorias.
En fechas más cercanas cambió, una vez más, de propietario:
fue comprado por el Ayuntamiento, que lo destinó temporalmente
a Archivo Histórico Municipal y, posteriormente, a sede de la Fundación
Colegio del Rey. Finalmente fue cedido al Instituto Cervantes, con el
propósito de ser su casa central. El que este instituto, con el
tiempo y contra los deseos de la ciudad, haya relegado el Colegio del
Rey a un papel muy secundario dentro de su organización, estableciendo
su centro principal en Madrid capital, ha puesto en más de una
ocasión en un brete esta cesión, barajándose la posible
reversión del inmueble al Ayuntamiento alcalaíno.
El pago de un pecado
Tras su llegada a España, el joven Carlos I puso sus ambiciosas
miras en la obtención de la dignidad imperial. Era esa una empresa
muy costosa. Para sufragarla, no dudó en apropiarse de buena parte
de los fondos que el Cardenal Cisneros había dejado para su Universidad;
unos veinticinco millones de maravedís que mandó incautar.
Su hijo, Felipe II, era un monarca de honda religiosidad; pero también
extremadamente supersticioso. Cuando sufría alguna derrota en el
campo de batalla o alguna contrariedad en sus proyectos (que solían
girar en torno a su papel asumido de guardían de la fe católica),
consideraba que era el pago por sus pecados.
Cuentan que uno de esos pecados que le atormentaban era el de la apropiación
de fondos de la Universidad por parte de su padre, lo que había
trastocado la obra 'santa' del Cardenal. La manera que buscó para
redimir esa cuita fue mediante la fundación de este colegio, con
lo que, de alguna manera, pretendía devolver a la Universidad parte
de lo que le había sido quitado.
JR - Agosto/2008

Balcón y escudo, sobre puerta de acceso (marzo 2002)
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