Puerta de Madrid

Vista
en perspectiva de la Puerta de Madrid (diciembre 2001)
Es
la puerta que da acceso al camino de Madrid, al oeste de la ciudad;
una de las cuatro puertas 'básicas' cardinales del antiguo recinto
amurallado, posiblemente levantado a principios del siglo XIII, junto
con la de Burgos (norte), Guadalajara (este) y Aguadores (sur).
La puerta original, fortificada, estaba engarzada en el recinto amurallado.
Se trataba de una puerta de acceso directo, bajo bóveda, levantada
con sillares, mampostería y ladrillo, sobre la que se situaba
un cuarto para la guardia, rematado por merlones; posiblemente muy similar
a la aún existente Puerta de Burgos, coetánea de esta.
En 1763 el maestro de obras municipal emite un informe señalando
su lamentable estado, e indicando las obras necesarias para su reparo.
Se actúa desmochando la torre, eliminando el cuarto superior
y cubriéndose con un tejado a dos aguas. Una vez aligerada de
peso, se estimó ensanchar la puerta para facilitar el paso de
carros, lo que se llevó a cabo.
Estas modificaciones le hicieron perder el carácter monumental
que hasta entonces, pese a su mal estado, había mantenido. Perdido
este atractivo, el Ayuntamiento se plantea su sustitución. Pero,
como de costumbre, las arcas municipales están muy escasas de
fondos, por lo que deciden acudir al arzobispo de Toledo, Señor
de la ciudad. El arzobispo accede a sufragar esta obra pública,
y se encarga el proyecto al arquitecto municipal, D. Antonio Juana Jordán.
El diseño inicial, modesto acorde al limitado presupuesto, fue
presentado para su aprobación a la Comisión de Arquitectura
de la Academia de San Fernando. Esta comisión introdujo varias
modificaciones, para dotar a la puerta de mayor monumentalidad, si bien
teniendo en cuenta el limitado presupuesto del que se disponía.
La vieja puerta fue demolida en 1787 y las obras de la nueva empezaron
con prontitud, estando terminada en apenas un año.
La obra finalmente realizada consistió, según palabras
de Carmen Román en "una obra de cantería con
sillares de piedra caliza perfectamente escuadrados.; está constituida
por un arco de medio punto entre un orden Dórico gigante de pilastras,
entablamento y frontón". Sobre el arco de entrada tiene
sendas inscripciones; en el lado a la ciudad, "A EXPENSAS DEL ARZOBISPO
DE TOLEDO EL EXCMO. SEÑOR D. FRANCISCO ANTONIO LORENZANA".
En el lado exterior, "REINANDO CARLOS III MDCCLXXXVIII".
Con el paso del tiempo, el ala que enlazaba con el cercado, que terminaba
en ángulo, fue degradándose y parando en ruina. En el
siglo XIX se decide levantar un nuevo muro, de mampostería y
ladrillo, donde se practica un hueco para paso de peatones. Mientras,
su 'gemelo' al norte, pese a tener el rebaje correspondiente, se hallaba
cegado.
Entre 1904 y 1905 la puerta estuvo de nuevo en la picota. Su estado
era ruinoso, suponiendo un peligro para los transeúntes; algunas
piedras se habían desprendido, como denunciaban los vecinos.
El debate se centró entre una posible reparación, costosa
para las arcas municipales (el arquitecto municipal presupuestó
la restauración completa en 5.000 pesetas), o la demolición
de la puerta. En la Corporación Municipal la polémica
estaba servida entre los partidarios de la demolición de la puerta
y los que abogaban por buscar soluciones para su mantenimiento. Finalmente
se optó por hacer las mínimas obras necesarias para su
mantenimineto y la puerta siguió en su sitio.
En 1915 se acordó dejar la puerta (que aún seguía
unida a los muros), aislada, exenta. Ese plan no prospera, pero se retoma
en el año de 1966. Para entonces, se aprobaba el Proyecto de
Obras de Restauración de las Murallas, dentro del Plan Especial
de Conservación del Patrimonio Histórico Monumental. En
este proyecto, dirigido en principio al Palacio Arzobispal y su recinto
amurallado, se incluyó la restauración de la Puerta de
Madrid. La actuación sobre la puerta se llevó a cabo en
la segunda fase del proyecto, entre 1967/68, estando a cargo el arquitecto
D. Gabriel Alomar (Román Pastor).
Es entonces cuando la puerta adquiere finalmente la configuración
que presenta en la actualidad. Se restaura el ala sur, con su hueco
de acceso, quedando libre de la vivienda particular con la que conectaba.
Se reconstruye el ala norte, habilitando el hueco de paso, al tiempo
que se modifica el recinto amurallado, alejándolo de la puerta.
Se expropia la vivienda particular situada en esta parte norte junto
a la puerta, se recrece una torre desmochada (la que se ve en la actualidad
más cercana) y se hace confluir en ella, en esta torre, ambos
lienzos de muralla. La puerta de Madrid queda finalmente exenta, con
el porte monumental presente que nunca antes tuvo.
Pese a que en algunas obra de consulta se indica que el ala norte de
la puerta era inexistente, que fue fruto de la intervención de
los años 60, no obstante aparece en las diferentes fotografías
de principios del siglo XX; si bien no de manera completa.
En los años ochenta del pasado siglo se rehabilita la plazuela
a la que da paso, adoquinándose e instalando algunos bancos de
piedra. Este espacio era conocido desde antiguo como Plaza de la Cebada.
Una puerta de cine
Esta 'nuestra' Puerta de Madrid, aparentemente una obra modesta, ha
sido 'cotizada protagonista' de alguna película famosa. El célebre
film de Stanley Kubrick, Espartaco, (1960, con Kirk Douglas,
Tony Curtis, Laurence Olivier y Peter Ustinov entre otros), tuvo este
escenario a modo de arco de triunfo para el desfile de las victoriosas
legiones de esclavos. El pasado romano de Complutum se acercó
a nuestros días.
¿Cuántas otras puertas pueden decir lo mismo?
JR
- Septiembre/2008
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