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Ecologistas
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Alcalá
de Henares y su Tierra |
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"Confirmándole conferencias telefónicas, tengo el sentimiento de comunicar a V.E. que sobre las veintiuna cuarenta y cinco horas día de ayer, explotó polvorín Zulema. Realizadas operaciones salvamento colaboración Autoridad Militar y Eclesiástica hasta momento que telegrafío número de víctima son siguiente: muertos diez, heridos graves cinco, leves treinta y tres. Daños materiales industria "Río Cerámica" destruida por completo donde se supone hay más víctimas, un Ventorro y tres casas campo. Dicho polvorín dista aproximadamente de la Ciudad dos kilómetros. Mayoría heridos leves son consecuencia rotura cristales. Por escrito amplío detalles y nombres víctimas. Salúdole. Alcalá de Henares 7 Septiembre de 1947. El Alcalde" (AMAH Leg. 1001/1) Con
este telegrama enviado por D. Félix Huerta Álvarez de
Lara, alcalde accidental de la ciudad (en sustitución de D. Lucas
del Campo, que se encontraba de viaje), se le comunicaba oficialmente al Gobernador Civil
de Madrid el terrible hecho sufrido por Alcalá. Eran las primeras
horas de un siete de septiembre negro para la historia de Alcalá. En palabras de Lledó Collada, "comenzaba 1938 cuando se decidió construir un túnel depósito de munición en la Cuesta de Zulema, en el inicio de la carretera de Alcalá a Loeches. La construcción se realizó en ese terreno aprovechando la existencia de una antigua cantera de arcilla que surtía la industria cerámica de Alcalá. La cantera estaba limitada por altas paredes en las que fueron excavadas dos galerías que formaban el túnel: una principal de 35 metros de longitud y la otra lateral de 10 m. de longitud". Situados formando una gran "T", los túneles semiesféricos se hallaban revestidos de hormigón con un espesor de 40 cm., un diámetro de 8 m., y un zócalo rectangular de 40 cm. de alto. Los primeros 6 metros se rebajaba este 'zócalo' hasta permitir una altura de 1,50 m., al objeto de facilitar la carga y descarga de camiones, estableciendo una especie de pequeña dársena. El conjunto se cerraba con una puerta de dos hojas de hormigón de 10 cm. de espesor, desplazables hacia los laterales sobre un raíl metálico. Todo esto se mantiene íntegro en la actualidad. A su lado, se excavó otro habitáculo con la finalidad de servir como refugio antiaéreo. La memoria descriptiva no da muchos detalles, tan solo que disponía de 29 m² de superficie (actualmente oculto por derrumbes de tierra). Otras tres edificaciones de ladrillo en la explanada cobijaban al cuerpo de guardia y otros servicios. Una pista de poco más de 230 metros enlazaba la boca del túnel con la carretera de Loeches, trazando una amplia herradura. En total, poco más de 76.000 pesetas de la época fue el presupuesto de toda la obra. Situación Las consecuencias Este
suceso se convirtió en uno de los grandes hitos populares de
la historia de Alcalá. Por los efectos que
causó sobre la población una explosión tan cercana,
con tantas víctimas. También por el largo y complejo
proceso que le siguió, donde se intentó localizar a los
culpables de un supuesto sabotaje. Se aprovechó el incidente para llevar a cabo una purga política. Conmoción en la ciudad y alrededores. Al Ayuntamiento llegaban telegramas de condolencia de diferentes partes de España; ofrecimientos de ayuda... El día 9 se entierran las primeras 13 víctimas, en el Cementerio Municipal de Alcalá. Posteriormente, se añade el cuerpo de María Arizmendi Ortega, 'de 18 años, soltera, hija de José y Cristina, natural y vecina de Alcalá'. Había sido trasladada con heridas graves al Hospital Provincial de Madrid, donde falleció. La recuperación de cadáveres no cesaba. El día 14 de septiembre aparecía entre los escombros el cadáver del soldado Luciano García Herrero. El balance final fue de 24 muertos, más de una treintena de heridos de una cierta seriedad, e innumerables de menor consideración. El
18 de septiembre, a las 11 de la mañana, tuvo lugar el populoso
y sentido funeral, en la iglesia de Santa María la Mayor (Jesuítas).
Para socorrer a las víctimas se alcanzó la cifra de 100.306,82
pesetas, obtenidas por suscripción popular y donaciones. Cantidad alta para la época y circunstancias; lo que evidencia el terrible impacto que supuso esta desgracia. Pese a la evidencia, al día de hoy las especulaciones no han cesado. Si la voladura del polvorín fue debida a un acto de sabotaje de elementos subversivos contra el régimen franquista, o si fue tan solo una explosión fortuita del material almacenado en su interior (mantenido en condiciones precarias tras el cercano final de la guerra). La
realidad cuantificable es que, en aquellas postrimerías del verano
de 1947, el polvorín complutense saltó por los aires dejando
su impronta en la ciudad y sus habitantes, cambiando radicalmente la
morfología de los cerros, dando origen a innumerables leyendas
y rumores. Y nos dejó unos escasos restos, los metros finales
de dos túneles, el segundo depósito, aún observables hoy día. JR - (Actualizado) Marzo 2009
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