Puente de la carretera
Madrid-Zaragoza sobre el Torote

Vista
desde el sur, tramo oeste (diciembre 2007)
Bajo
el intenso tráfico de la antigua Nacional II, camuflado por un
aspecto completamente modificado, este puente pasa casi desapercibido
y parece no despertar siquiera el interés. Pero bajo esa modesta
y 'funcionalmente gris' apariencia, se encuentra escondida una notoria
obra de arquitectura del siglo XVIII.
Se desconoce qué pudiera haber antes (¿un pontón
de madera?) para salvar el curso del Torote en esta importante vía
de comunicación del 'Camino de Aragón'. Lo que sí
está documentado (Corella Suárez) es que el 13 de mayo
de 1767, el ingeniero Marcos de Vierna elabora un proyecto de puente
para este paso. En el año de 1776 se indica que está terminando
el décimo arco, último del total. Queda, pues, establecido
y en uso el puente de piedra sobre el arroyo o río Torote.
Cabe destacar dos detalles de interés: se realiza con piedra
extraida de cantera ubicada en el término municipal de Villalbilla.
Pero las obras son sufragadas por la Villa y Corte de Madrid; gastos
en los que, al parecer, no interviene Alcalá.
En los años sucesivos se llevan a cabo los habituales reparos
de mantenimiento. Pero en los días 18 y 19 de diciembre de 1783,
puente y calzada reciben serios daños por las crecidas originadas
en las fuertes lluvias; se llevan parte del camino por delante y ocasionan
algunos daños en la estructura del puente. Se comisiona al académico
Don Francisco Sánchez y al arquitecto Don Juan Eusebio de la
Viesca, para que examinen los daños e informen. Don Francisco
Sánchez recomienda en su informe que se hagan otros diez arcos
(veinte en total), para dar salida adecuada a las futuras avenidas.
De la Viesca, por su parte, propone hacer otros tres arcos en la "parte
del rompimiento, frente a la madre alta del río". Sería
un añadido de tres arcos, pero a cierta distancia de los diez
existentes, algo más al occidente, para recibir y evacuar parte
de la acometida de aguas según las dirige la madre del río.
La situación del puente en relación al empuje de las aguas
es buena parte del problema.
El Consejo de Castilla acuerda, con fecha del 21 de abril de 1784, que
la obra sea adjudicada conjuntamente a Juan Eusebio de la Viesca y a
Mateo Guill, profesor de arquitectura y Académico de San Fernando,
uniendo ambas licitaciones en una.
En
ese mismo mes de abril comienzan los reparos de la parte existente.
Esta vez la piedra se extrae de la cantera del cerro de San Juan del
Viso. Pero el Consejo cambia de opinión y, en el mes de mayo,
deja sin efecto el encargo. Designa ahora a Ventura Rodríguez
para que reconozca los puentes de Viveros (en San Fernando) y Torote.
Este conocido arquitecto vuelve sobre la idea de realizar diez arcos
más; no considera que sea suficiente solo con los tres nuevos
proyectados por De la Viesca. Añade en su proyecto la modificación
de los arcos preexistentes, para dotarles de ángulo a favor de
las aguas, y la recomposición de la calzada. Pero el presupuesto
que facilita es tan elevado (unos 441.580 reales), que se desestima.
Finalmente, pues, parece ser que no se lleva a cabo ninguno de tales
proyectos, quedando las actuaciones limitadas a reparos sobre la obra
inicial. El puente mantuvo sus diez ojos originales, sin añadidos;
los mismos que presenta al día de hoy.
El aumento de tráfico que ha sufrido la carretera acabó
por 'forzar' su ensanchamiento con arcos de hormigón, ya metidos
en el siglo XX; asfaltado, nuevos pretiles, quitamiedos... Esto le da
al puente una falsa apariencia de modernidad. No es hasta que uno se
sitúa bajo sus arcadas que nota cómo, en la franja central,
subsiste el puente original de sillares de piedra caliza. La nueva variante
de la A-2, más al norte, le ha restado importancia a este punto
que, por siglos, fue paso obligado entre Madrid, Zaragoza y Barcelona.
Ahora se utiliza para acceder a la ciudad de Alcalá, a sus polígonos
industriales o, a través de la M-300, ascender los cerros y llegar
a La Alcarria complutense. El uso viario fluctúa, como las aguas
del río; pero el puente permanece.
Arquitectura por preservar
Como ocurre con otras importantes obras de arquitectura e ingeniería,
este puente del Torote se halla tan embutido en reformas posteriores
que hoy día es difícilmente reconocible. Tal situación
podría hacer que nos olvidáramos de que, bajo esa moderna
piel, sigue estando uno de los puentes más significativos del
término municipal. Una importante obra de ingeniería civil,
realizada con sillares labrados y extraidos de las canteras de Villalbilla
y el Cerro del Viso. Necesitamos conocer y señalar estos 'valores
ocultos', para tener presente su preservación y cuidado. Para
que en un futuro no deseable, por un descuido, podamos ver desaparecer
una parte de nuestro legado de siglos. Conozcamos y valoremos.
JR
- Septiembre/2008

Vista desde el sur, siguiente tramo (diciembre 2007)
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