Torres de la Alameda

Escudo de Torres de la Alameda
Orígenes e Historia
La existencia de Torres como lugar de población parece estar
documentado a partir de la dominación romana. Sin embargo, no
se puede descartar la hipotética existencia de algún poblado
previo, habida cuenta la costumbre romana de asentarse en poblaciones
preexistentes, y la abundancia de vestigios localizados en el entorno
de los cercanos cerros y río Henares.
El hallazgo
más evidente de la presencia romana en Torres lo constituye una
estela funeraria, actualmente embutida en la Ermita de la Soledad. Mide
aproximadamente 2 m de altura por 1 m de ancho. En su parte superior
tiene grabado lo que parece ser un trébol de cuatro hojas; en
la inferior, siete pequeñas arcadas; también una media
luna entre dos ruedas de radios curvos.
La inscripción, según Jiménez de Gregorio, podría
leerse como: “DOMITIA FVSCINA FVSCINAE (A)TVRIC(I)N(I) F(ilia)
H(ic) S(it) E(st) STTL”, lo que significaría "Domicia
Fuscina hija de Fuscinae e Ituricino, aquí yace. Séate
la tierra ligera". Pero al ser imposible leer exactamente
lo que hay grabado, no existe acuerdo, ni en el texto grabado, ni en
su interpretación.
Otra teoría
apuntaría a la dominación árabe como el principio
del poblado de Torres. Con el topónimo, se aludiría a
los posibles sistemas defensivos existentes (torres de vigilancia),
quizá en conexión con la cercana fortaleza de Alcalá.
Pero, ¿cómo interpretar entonces la presencia de la estela
funeraria romana y otros restos conservados en el lugar? También
se han hallado
un pedazo de otra lápida funeraria, que actualmente forma parte
de la torre de la Iglesia, o fragmentos de columnas de fuste acanalado.
No podemos
olvidar tampoco que, a escasos 4 kms, sobre el cerro del Viso, se encuentra
la primera ubicación de Complutum (Alcalá). La
calzada romana, aún perceptible en el cerro, pasaba cerca de
Torres. Esto podría hacer pensar que los restos localizados en
Torres pudieran ser, quizá, materiales provenientes de la desmantelada
Complutum, o de alguna villae (casa de recreo aislada)
en el lugar, como las había diseminadas por todo el territorio.
Ni se puede afirmar, ni se puede negar. Habrá que esperar que
el futuro depare nuevos hallazgos.
Posteriormente,
se puede presumir una ocupación visigoda del territorio (se han
hallado monedas de esa época), como ocurrió en otros núcleos
romanos del entorno. La presencia visigoda habría terminado,
en todo caso, con la invasión musulmana, en la primera mitad
del siglo VIII. Durante el período agareno, Torres parece ser
que adquiere una cierta relevancia y se documenta como núcleo
poblado.
Las Relaciones de Lorenzana, hablando de tiempos pretéritos,
describían a finales del siglo XVIII "un cerrillo que
hay al norte, distante del pueblo como un tiro de bala, el que, sin
saber su motivo, se llama Cerrillo de los Quemados, en él se
han descubierto cenizas y rastro de combustión, como también
calaveras y huesos humanos y algunos sepulcros con sus lápidas
sin inscripción. También se han hallado muchas monedas
antiguas y alhajas de preciosos metales".
El rey Alfonso VI reconquista la Tierra de Alcalá en el siglo
XI, aunque la zona sigue bajo los vaivenes de la Marca Media fronteriza.
En el siglo XII, su sucesor Alfonso VII dona la tierra al arzobispado
de Toledo. Sin embargo, en 1190 el entonces rey, Alfonso VIII, cede
19 de estas aldeas al Concejo de Segovia, en pago por los servicios
prestados en la guerra. Torres es una de las aldeas que cambian de manos,
quedando desde entonces bajo jurisdición segoviana. A cambio,
el rey cede Talamanca al arzobispado, buscando compensar la merma. Sin
embargo, al poco de la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), con resultado
victorioso para los reinos norteños y derrota musulmana, el rey
decide deshacer el trato. Es de esta manera que, en 1214, las 19 aldeas
regresan bajo la mitra toledana y el rey recupera Talamanca. La Tierra
de Alcalá vuelve a estar completa.
Para entonces, en Toledo es arzobispo D. Rodrigo Jiménez de Rada.
Renovando el Fuero Viejo que diera inicialmente D. Bernardo, refunde
y amplía aquél, otorgando nuevos fueros, redactados en
lengua romance, comprensibles al pueblo. Estos fueros se mantendrían
en vigor hasta febrero de 1509, cuando el Cardenal Cisneros, entonces
arzobispo toledano, concede el actualizado Fuero Nuevo, común
a la villa de Alcalá y al resto de poblaciones de la Tierra.
Como ocurrió con el resto de aldeas, Torres luchó por
la obtención del título de villa, que obtuvo. Pero terminó
vendiendo su jurisdicción y quedó bajo señor. Este
tránsito lo registran las Relaciones de Lorenzana según
leemos: "Colígese también la antigüedad
de esta villa por ser una de las que, con la villa, hoy ciudad, de Alcalá
de Henares, cedió o donó el rey Alfonso el Séptimo
a la Santa Iglesia y arzobispos de Toledo, bajo cuya jurisdicción
estuvo como una de las 25 aldeas de Alcalá, gobernándose
por alcaldes pedáneos hasta el año de 1579, en que obtuvo
del señor Felipe II real privilegio para eximirse de la dominación
de Alcalá. Hacia 1584 se hizo villa independiente a la dignidad
arzobispal, interviniendo un breve de Su Santidad el papa Gregorio XIII,
como expresa una real cédula dada en Madrid, a 15 de octubre
de 1580. Así, quedó villa exenta, gobernándose
por dos alcaldes ordinarios que nombraba su ayuntamiento, hasta que
en el año 1669 vendió la referida jurisdicción
al Excelentísimo señor Príncipe de Astillanos,
quien la compró con el fin de agregarla al mayorazgo y ducado
de Medina de las Torres, marquesado del Toral de los Guzmanes y, por
muerte de Su Excelencia, se incorporó dicho ducado y jurisdicción
referida en la casa de los señores marqueses de Astorga, condes
de Altamira, los cuales nombran anualmente dos alcaldes, uno del estado
noble y otro del general, dos regidores en la propia forma, un procurador
general, un alcalde de la Santa Hermandad, un guarda mayor de los campos,
alternando en estos tres oficios los dos estados ya expresados, ítem,
un alguacil mayor y un cuadrillero de la Santa Hermandad".
El Catastro
del marqués de la Ensenada señalaba en 1752 que Torres
era entonces parte del señorío del conde de Altamira.
En este mismo siglo XVIII, en 1763, se sigue con pleitos por establecer
los límites del término municipal. Se lleva a cabo un
deslinde de los territorios pertenecientes a Torres y los de Alcalá,
aunque rodeado de grandes controversias. La 'concordia' que había
tenido lugar en 1645 no debió ser efectiva, pues no había
zanjado el asunto. El problema de establecer los límites del
término municipal no se terminó de aclarar y definir hasta
bien entrado el siglo XIX.
Datos y Geografía
Torres de la Alameda está situada al Este de la provincia
de Madrid, en la llanura formada por el valle de los arroyos Pantueña
y Anchuelo, dentro de la más extensa Alcarria de Alcalá.
Su término municipal limita al Norte con Alcalá; de Henares;
al Nordeste con Villalbilla-Los Hueros; al Este con Valverde de Alcalá;
al Sur, limita con Pozuelo del Rey; y al Oeste, con Loeches y San Fernando
de Henares. En 1759 no tenía más de 60 vecinos. Unos 123
vecinos en el siglo XIX. En 2007 eran ya 6.881 habitantes. Se encuentra
a una altitud 654 m sobre el nivel del mar, contando con una superficie
de 43,8 km².
Torres se
halla rodeada de campos de cereales y olivares. En el siglo XVIII predominaban
los cultivos de secano.
En 1752, producía 6.660 fanegas de trigo, 14.340 de cebada, 200
de avena y 120 de centeno. Se producían uvas y aceite (poco).
La ganadería se componía de animales de tiro y de cabezas
de porcino y lanar. Se contabilizaban más de 6.000 cabezas de
ganado lanar.
El marqués de Velzunze, heredero de D. Juan de Goyeneche (fundador
de Nuevo Baztán), había adquirido una dehesa acotada en
el término de Torres, la conocida como Dehesa de Torres. El
marqués de Paredes era propietario de otra que llamaban La Dehesilla.
La alameda Barbillán era propiedad comunal de varios vecinos.
Por
otra parte, la villa había adquirido de D. Juan de Goyeneche
la Dehesa o Prado Grande. También
había tres molinos: uno perteneciente a la Iglesia, los otros
dos a particulares. La ganadería había decaído,
dejando paso a la agricultura.
Siguiendo con el siglo XVIII, es interesante señalar lo que registran
las Relaciones de Lorenzana, al decir que en Torres "se
encuentran varias canteras de piedra común, yeso negro y entreblanco;
y a las faldas de dichos cerros se hallan canteras de yeso blanco, de
la mejor calidad que se pueda hallar. También hay indicios de
haber canteras de jaspe rojo en el sitio que llaman Valdeoro".
En el siglo
XIX, según la descripción de Pascual Madoz en su Diccionario
Geográfico, Torres
era villa con Ayuntamiento propio, en la provincia y Audiencia Territorial
de Madrid, partido judicial de Alcalá de Henares, en Castilla
la Nueva, diócesis de Toledo. Se la describía como situada
en terreno llano, bajo todos los vientos, en particular del Norte y
Sur. El clima se dice que es templado y sus enfermedades más
comunes las estacionales. Tenía entonces 456 casas.
'Se
extiende 11/4 leguas de Norte a Sur, e igual distancia de Este a Oeste.
Comprende tres montes de robles, chaparros y maraña, pertenecientes
a propios, y otro de igual clase, propiedad del señor conde de
Salceda. Un pequeño soto, una alameda de álamos negros,
cuatro dehesas de regular extensión, tituladas del Cerro, de
la Cruz, el Plantío, la Dehesa Baja y Zulema; algún viñedo,
y diferentes olivares. Lo atraviesan dos arroyos, llamados la Alameda
y los Hueros, que juntos desaguan en el río Henares.'
Las viñas, antaño abundantes, se arrancaron por
causa de la filoxera, plaga importada de Norteamérica que destruye
por completo los viñedos. Una vez conocida la manera de combatirla,
aquí no se volvieron a plantar, por su escasa rentabilidad.
Monumentos y Fiestas
La Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora es un edificio
del siglo XVI, de sillería y mampostería al exterior.
De planta basilical, compuesta por tres naves renacentistas con influencias
mudéjares, cubiertas por artesonados mudéjares. Naves
separadas por columnas toscanas que sujetan arcos de medio punto. La
cabecera es del siglo XVII, de trazas barrocas. Su principal singularidad
es el claustro porticado, de siete arcos, en el lado de la Epístola,
orientado al Sur de acuerdo con los cánones arquitectónicos
renacentistas. En una capilla se encuentra la imagen de la patrona del
pueblo, Nuestra Señora del Rosario. La torre es mudéjar
en sus cimientos; se sitúa en la cabecera del lado del Evangelio.
El campanario es del siglo XV y el chapitel de pizarra del siglo XVII.
En la iglesia se custodia una colección de relicarios con un
“Lignun Crucis”. Fue muy dañada durante
la pasada Guerra Civil (1936-1939).
La Ermita de la Soledad está datada entre los siglos XVI y XVII.
De estilo plateresco, se trata de un edificio pequeño, de planta
casi cuadrada. Se accede a ella a través de una interesante puerta,
de dos arcos. Antaño, era el lugar donde se reunían los
vecinos en concejo abierto, convocados por el tañido de la campana.
Como parte de su estructura mantiene, en la fachada principal, la lápida
romana descrita más arriba en el apartado Historia. También
conserva una copia de la Sábana Santa, como se explica más
abajo.
En el siglo XVIII las Relaciones de Lorenzana citaban cuatro
ermitas: al Norte, la de San Bartolomé apóstol ('la más
antigua'), más conocida por el nombre de Santísimo Cristo
del Amparo, por guardar una imagen de ese nombre; al Sur la ermita de
Santa Susana; al Oeste la de San Roque; al Este, junto al pueblo, la
de María Santísima, 'con el título de las Angustias'
(la actual ermita de la Soledad). En el siglo XIX se habla tan solo
de tres ermitas: la del Cristo del Amparo, la de la Soledad y la de
Santa Susana. Esta última, la de Santa Susana, desaparecerá
en los desastres de la Guerra Civil.
En fiestas, se comienza el 21 de enero celebrando a San Antón,
con bendición de animales y el sorteo del cochino entre todos
los vecinos. También se entregan premios a animales singulares.
En febrero, los dos jueves anteriores al Carnaval son los Días
de las Tortillas; antaño el primer jueves para chicos, el segundo
para chicas, pero en la actualidad son ambos mixtos. El Sábado
de Carnaval, las comparsas desfilan por las calles hasta llegar a la
Plaza del Sol, donde tiene lugar la entrada al Coso del Carnaval, lugar
para el lucimiento de comparsas y disfraces en concurso, pregón
de Carnaval y chupinazo. Gran Baile de Carnaval. Se termina el programa
con el Entierro de la Sardina.
El 3 de mayo es el Cristo de la Torre. San Isidro Labrador el 15 de
mayo. San Cristóbal, patrón de los conductores, el domingo
más cercano al 10 de julio, con la preceptiva procesión
de vehículos. Y las Fiestas Patronales de Torres, en honor de
la Virgen del Rosario, tienen lugar el primer fin de semana de octubre,
con diversas actividades, religiosas y seglares.
La Sábana Santa de Torres
Un elemento de especial interés que encontramos en la localidad
es la Sábana Santa de Torres, una copia de la sábana de
Turín. Existen otras copias, en Roma, Besançon, Troyes
o Vézelay. En España hay otra, en el Monasterio de Santo
Domingo de Silos. Pero la sábana de Torres es la única
de la que hay certeza haya estado en contacto directo con la de Turín,
el 3 de mayo de 1620.
La ciudad
italiana de Turín es mundialmente conocida por ser la depositaria
del supuesto sudario que, según se afirma, utilizó José
de Arimatea para envolver a Cristo tras su muerte. Por siglos se ha
teorizado acerca de su originalidad y de cómo se pudiera haber
plasmado la imagen de Cristo en ella. También, en su incoherencia
al compararla con el registro bíblico, donde se dice que Jesús
fue envuelto en vendas, no con un sudario. Actualmente se sabe
que la denominada Sábana Santa de Turín es tan solo una
reproducción artística, sin conexión con el posible
original, elaborada en fecha tardía.
Aun así,
descartado el valor original de la tela, no obstante permanece el valor
histórico. Ninguna de las telas repartidas por el mundo es 'la
original'. Pero sí son testimonios de un pasado, de unas creencias,
de historia y tradiciones. En ese contexto, la sábana de Torres
tiene un especial valor.
La sábana
conservada en Santo Domingo de Silos se ha fechado entre 1627 y 1640.
Sin embargo, la de Torres llegó a la localidad en 1620, siendo
monarca Felipe III. Dada su exactitud y detalle, comparada con la original,
se cree que pudo ser copiada mediante alguna técnica de calcografía,
superponiendo la sábana de Torres sobre el original de Turín.
Tejida en
lino, sus dimensiones son 4,47 m de largo por un metro de ancho; de
color blanco amarillento, algo pardo. La imagen representada de frente
mide 1,83 m desde el cráneo a la punta de los pies. De espalda,
1,72 m desde el cráneo hasta el talón. "Se conservan
las marcas de ojos, nariz y boca; la forma del rostro y de la barba.
También se aprecian señales de la corona de espinas y,
sobre los hombros, señales del cabello. Sobre el pecho y en diversas
partes del torso, las señales de azotes y golpes de la Pasión."
Durante
la Guerra Civil se mantuvo oculta en una casa particular, gracias a
lo cual pudo superar los destrozos del conflicto. En la actualidad,
mientras se espera una posible futura musealización de la ermita
donde se guarda, sólo es posible verla los Viernes Santos de
cada año.
El
Pozo
Según señala la página web municipal, "con
motivo de una epidemia que hubo en 1885, se pensó en la necesidad
de instalar una bomba de extracción de agua para el consumo del
pueblo. Como éste se hallaba a cierta distancia del casco urbano,
se hacía precisa la presencia de una guarda que lo vigilara.
Pero
la situación económica del municipio no permitía
pagar el jornal de dicho vigilante, motivo por el que se arbitró
finalmente una solución, consistente en que cada uno le pagara,
a razón de cinco céntimos por cada carga de agua extraída
por medio de la bomba, que él manejaría. Este sistema
se conservó vigente durante bastantes años. Aún
hoy, entre los más mayores de los vecinos de Torres, algunos
recuerdan aquellos cinco céntimos que había que darle
al “tío Gil” cada vez que iban por agua al pozo.
Esa bomba se quitaba en invierno y se volvía a instalar con la
llegada de los primeros calores. De este modo, se evitaba la contaminación
de las aguas en los períodos estivales."
Etimología
Algunos autores hacen remontar el topónimo Torres a
la época de la dominación romana, apoyados en suposiciones
y una interpretación particular de la estela funeraria ya referenciada
(el supuesto topónimo Turicum habría dado origen
al actual "Torres"). Pero no existe base documental
que apoye tal teoría. El nombre Torres es de evidente
origen latino, pudiendo haber sido impuesto por los repobladores tras
la Reconquista, sin poder afirmar rotundamente ni lo uno, ni lo otro.
Aludiría a las posibles atalayas o sistemas defensivos existentes
en algún momento de su historia, de los que actualmente no quedaría
vestigio alguno.
El apellido de la Alameda, sin embargo, lo recibe en algún
momento del siglo XIX, seguramente para diferenciarse de otros topónimos
similares. Anteriormente, el único nombre que se registra en
los documentos es Torres.
El gentilicio de los naturales de Torres de la Alameda es torresano.
JR - Enero 2009
Página
oficial del Ayuntamiento de Torres de la Alameda