Ecologistas en Acción - Alcalá de Henares

Alcalá de Henares y su Tierra
 
La Tierra de las 25 villas
 


Torres de la Alameda


Escudo de Torres de la Alameda



Orígenes e Historia


La existencia de Torres como lugar de población parece estar documentado a partir de la dominación romana. Sin embargo, no se puede descartar la hipotética existencia de algún poblado previo, habida cuenta la costumbre romana de asentarse en poblaciones preexistentes, y la abundancia de vestigios localizados en el entorno de los cercanos cerros y río Henares.

El hallazgo más evidente de la presencia romana en Torres lo constituye una estela funeraria, actualmente embutida en la Ermita de la Soledad. Mide aproximadamente 2 m de altura por 1 m de ancho. En su parte superior tiene grabado lo que parece ser un trébol de cuatro hojas; en la inferior, siete pequeñas arcadas; también una media luna entre dos ruedas de radios curvos. La inscripción, según Jiménez de Gregorio, podría leerse como: “DOMITIA FVSCINA FVSCINAE (A)TVRIC(I)N(I) F(ilia) H(ic) S(it) E(st) STTL”, lo que significaría "Domicia Fuscina hija de Fuscinae e Ituricino, aquí yace. Séate la tierra ligera". Pero al ser imposible leer exactamente lo que hay grabado, no existe acuerdo, ni en el texto grabado, ni en su interpretación.

Otra teoría apuntaría a la dominación árabe como el principio del poblado de Torres. Con el topónimo, se aludiría a los posibles sistemas defensivos existentes (torres de vigilancia), quizá en conexión con la cercana fortaleza de Alcalá. Pero, ¿cómo interpretar entonces la presencia de la estela funeraria romana y otros restos conservados en el lugar? También se han hallado un pedazo de otra lápida funeraria, que actualmente forma parte de la torre de la Iglesia, o fragmentos de columnas de fuste acanalado.

No podemos olvidar tampoco que, a escasos 4 kms, sobre el cerro del Viso, se encuentra la primera ubicación de Complutum (Alcalá). La calzada romana, aún perceptible en el cerro, pasaba cerca de Torres. Esto podría hacer pensar que los restos localizados en Torres pudieran ser, quizá, materiales provenientes de la desmantelada Complutum, o de alguna villae (casa de recreo aislada) en el lugar, como las había diseminadas por todo el territorio. Ni se puede afirmar, ni se puede negar. Habrá que esperar que el futuro depare nuevos hallazgos.

Posteriormente, se puede presumir una ocupación visigoda del territorio (se han hallado monedas de esa época), como ocurrió en otros núcleos romanos del entorno. La presencia visigoda habría terminado, en todo caso, con la invasión musulmana, en la primera mitad del siglo VIII. Durante el período agareno, Torres parece ser que adquiere una cierta relevancia y se documenta como núcleo poblado.

Las Relaciones de Lorenzana, hablando de tiempos pretéritos, describían a finales del siglo XVIII "un cerrillo que hay al norte, distante del pueblo como un tiro de bala, el que, sin saber su motivo, se llama Cerrillo de los Quemados, en él se han descubierto cenizas y rastro de combustión, como también calaveras y huesos humanos y algunos sepulcros con sus lápidas sin inscripción. También se han hallado muchas monedas antiguas y alhajas de preciosos metales".

El rey Alfonso VI reconquista la Tierra de Alcalá en el siglo XI, aunque la zona sigue bajo los vaivenes de la Marca Media fronteriza. En el siglo XII, su sucesor Alfonso VII dona la tierra al arzobispado de Toledo. Sin embargo, en 1190 el entonces rey, Alfonso VIII, cede 19 de estas aldeas al Concejo de Segovia, en pago por los servicios prestados en la guerra. Torres es una de las aldeas que cambian de manos, quedando desde entonces bajo jurisdición segoviana. A cambio, el rey cede Talamanca al arzobispado, buscando compensar la merma. Sin embargo, al poco de la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), con resultado victorioso para los reinos norteños y derrota musulmana, el rey decide deshacer el trato. Es de esta manera que, en 1214, las 19 aldeas regresan bajo la mitra toledana y el rey recupera Talamanca. La Tierra de Alcalá vuelve a estar completa.

Para entonces, en Toledo es arzobispo D. Rodrigo Jiménez de Rada. Renovando el Fuero Viejo que diera inicialmente D. Bernardo, refunde y amplía aquél, otorgando nuevos fueros, redactados en lengua romance, comprensibles al pueblo. Estos fueros se mantendrían en vigor hasta febrero de 1509, cuando el Cardenal Cisneros, entonces arzobispo toledano, concede el actualizado Fuero Nuevo, común a la villa de Alcalá y al resto de poblaciones de la Tierra.


Como ocurrió con el resto de aldeas, Torres luchó por la obtención del título de villa, que obtuvo. Pero terminó vendiendo su jurisdicción y quedó bajo señor. Este tránsito lo registran las Relaciones de Lorenzana según leemos: "Colígese también la antigüedad de esta villa por ser una de las que, con la villa, hoy ciudad, de Alcalá de Henares, cedió o donó el rey Alfonso el Séptimo a la Santa Iglesia y arzobispos de Toledo, bajo cuya jurisdicción estuvo como una de las 25 aldeas de Alcalá, gobernándose por alcaldes pedáneos hasta el año de 1579, en que obtuvo del señor Felipe II real privilegio para eximirse de la dominación de Alcalá. Hacia 1584 se hizo villa independiente a la dignidad arzobispal, interviniendo un breve de Su Santidad el papa Gregorio XIII, como expresa una real cédula dada en Madrid, a 15 de octubre de 1580. Así, quedó villa exenta, gobernándose por dos alcaldes ordinarios que nombraba su ayuntamiento, hasta que en el año 1669 vendió la referida jurisdicción al Excelentísimo señor Príncipe de Astillanos, quien la compró con el fin de agregarla al mayorazgo y ducado de Medina de las Torres, marquesado del Toral de los Guzmanes y, por muerte de Su Excelencia, se incorporó dicho ducado y jurisdicción referida en la casa de los señores marqueses de Astorga, condes de Altamira, los cuales nombran anualmente dos alcaldes, uno del estado noble y otro del general, dos regidores en la propia forma, un procurador general, un alcalde de la Santa Hermandad, un guarda mayor de los campos, alternando en estos tres oficios los dos estados ya expresados, ítem, un alguacil mayor y un cuadrillero de la Santa Hermandad".

El Catastro del marqués de la Ensenada señalaba en 1752 que Torres era entonces parte del señorío del conde de Altamira.

En este mismo siglo XVIII, en 1763, se sigue con pleitos por establecer los límites del término municipal. Se lleva a cabo un deslinde de los territorios pertenecientes a Torres y los de Alcalá, aunque rodeado de grandes controversias. La 'concordia' que había tenido lugar en 1645 no debió ser efectiva, pues no había zanjado el asunto. El problema de establecer los límites del término municipal no se terminó de aclarar y definir hasta bien entrado el siglo XIX.


Datos y Geografía

Torres de la Alameda está situada al Este de la provincia de Madrid, en la llanura formada por el valle de los arroyos Pantueña y Anchuelo, dentro de la más extensa Alcarria de Alcalá. Su término municipal limita al Norte con Alcalá; de Henares; al Nordeste con Villalbilla-Los Hueros; al Este con Valverde de Alcalá; al Sur, limita con Pozuelo del Rey; y al Oeste, con Loeches y San Fernando de Henares. En 1759 no tenía más de 60 vecinos. Unos 123 vecinos en el siglo XIX. En 2007 eran ya 6.881 habitantes. Se encuentra a una altitud 654 m sobre el nivel del mar, contando con una superficie de 43,8 km².

Torres se halla rodeada de campos de cereales y olivares. En el siglo XVIII predominaban los cultivos de secano. En 1752, producía 6.660 fanegas de trigo, 14.340 de cebada, 200 de avena y 120 de centeno. Se producían uvas y aceite (poco). La ganadería se componía de animales de tiro y de cabezas de porcino y lanar. Se contabilizaban más de 6.000 cabezas de ganado lanar.

El marqués de Velzunze, heredero de D. Juan de Goyeneche (fundador de Nuevo Baztán), había adquirido una dehesa acotada en el término de Torres, la conocida como Dehesa de Torres.
El marqués de Paredes era propietario de otra que llamaban La Dehesilla. La alameda Barbillán era propiedad comunal de varios vecinos. Por otra parte, la villa había adquirido de D. Juan de Goyeneche la Dehesa o Prado Grande. También había tres molinos: uno perteneciente a la Iglesia, los otros dos a particulares. La ganadería había decaído, dejando paso a la agricultura.

Siguiendo con el siglo XVIII, es interesante señalar lo que registran las Relaciones de Lorenzana, al decir que en Torres "se encuentran varias canteras de piedra común, yeso negro y entreblanco; y a las faldas de dichos cerros se hallan canteras de yeso blanco, de la mejor calidad que se pueda hallar. También hay indicios de haber canteras de jaspe rojo en el sitio que llaman Valdeoro".

En el siglo XIX, según la descripción de Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico, Torres era villa con Ayuntamiento propio, en la provincia y Audiencia Territorial de Madrid, partido judicial de Alcalá de Henares, en Castilla la Nueva, diócesis de Toledo. Se la describía como situada en terreno llano, bajo todos los vientos, en particular del Norte y Sur. El clima se dice que es templado y sus enfermedades más comunes las estacionales. Tenía entonces 456 casas.

'Se extiende 11/4 leguas de Norte a Sur, e igual distancia de Este a Oeste. Comprende tres montes de robles, chaparros y maraña, pertenecientes a propios, y otro de igual clase, propiedad del señor conde de Salceda. Un pequeño soto, una alameda de álamos negros, cuatro dehesas de regular extensión, tituladas del Cerro, de la Cruz, el Plantío, la Dehesa Baja y Zulema; algún viñedo, y diferentes olivares. Lo atraviesan dos arroyos, llamados la Alameda y los Hueros, que juntos desaguan en el río Henares.'

Las viñas, antaño abundantes, se arrancaron por causa de la filoxera, plaga importada de Norteamérica que destruye por completo los viñedos. Una vez conocida la manera de combatirla, aquí no se volvieron a plantar, por su escasa rentabilidad.

Monumentos y Fiestas


La Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora es un edificio del siglo XVI, de sillería y mampostería al exterior. De planta basilical, compuesta por tres naves renacentistas con influencias mudéjares, cubiertas por artesonados mudéjares. Naves separadas por columnas toscanas que sujetan arcos de medio punto. La cabecera es del siglo XVII, de trazas barrocas. Su principal singularidad es el claustro porticado, de siete arcos, en el lado de la Epístola, orientado al Sur de acuerdo con los cánones arquitectónicos renacentistas. En una capilla se encuentra la imagen de la patrona del pueblo, Nuestra Señora del Rosario. La torre es mudéjar en sus cimientos; se sitúa en la cabecera del lado del Evangelio. El campanario es del siglo XV y el chapitel de pizarra del siglo XVII. En la iglesia se custodia una colección de relicarios con un “Lignun Crucis”. Fue muy dañada durante la pasada Guerra Civil (1936-1939).

La Ermita de la Soledad está datada entre los siglos XVI y XVII. De estilo plateresco, se trata de un edificio pequeño, de planta casi cuadrada. Se accede a ella a través de una interesante puerta, de dos arcos. Antaño, era el lugar donde se reunían los vecinos en concejo abierto, convocados por el tañido de la campana. Como parte de su estructura mantiene, en la fachada principal, la lápida romana descrita más arriba en el apartado Historia. También conserva una copia de la Sábana Santa, como se explica más abajo.

En el siglo XVIII las Relaciones de Lorenzana citaban cuatro ermitas: al Norte, la de San Bartolomé apóstol ('la más antigua'), más conocida por el nombre de Santísimo Cristo del Amparo, por guardar una imagen de ese nombre; al Sur la ermita de Santa Susana; al Oeste la de San Roque; al Este, junto al pueblo, la de María Santísima, 'con el título de las Angustias' (la actual ermita de la Soledad). En el siglo XIX se habla tan solo de tres ermitas: la del Cristo del Amparo, la de la Soledad y la de Santa Susana. Esta última, la de Santa Susana, desaparecerá en los desastres de la Guerra Civil.

En fiestas, se comienza el 21 de enero celebrando a San Antón, con bendición de animales y el sorteo del cochino entre todos los vecinos. También se entregan premios a animales singulares. En febrero, los dos jueves anteriores al Carnaval son los Días de las Tortillas; antaño el primer jueves para chicos, el segundo para chicas, pero en la actualidad son ambos mixtos. El Sábado de Carnaval, las comparsas desfilan por las calles hasta llegar a la Plaza del Sol, donde tiene lugar la entrada al Coso del Carnaval, lugar para el lucimiento de comparsas y disfraces en concurso, pregón de Carnaval y chupinazo. Gran Baile de Carnaval. Se termina el programa con el Entierro de la Sardina.

El 3 de mayo es el Cristo de la Torre. San Isidro Labrador el 15 de mayo. San Cristóbal, patrón de los conductores, el domingo más cercano al 10 de julio, con la preceptiva procesión de vehículos. Y las Fiestas Patronales de Torres, en honor de la Virgen del Rosario, tienen lugar el primer fin de semana de octubre
, con diversas actividades, religiosas y seglares.

La Sábana Santa de Torres

Un elemento de especial interés que encontramos en la localidad es la Sábana Santa de Torres, una copia de la sábana de Turín. Existen otras copias, en Roma, Besançon, Troyes o Vézelay. En España hay otra, en el Monasterio de Santo Domingo de Silos. Pero la sábana de Torres es la única de la que hay certeza haya estado en contacto directo con la de Turín, el 3 de mayo de 1620.

La ciudad italiana de Turín es mundialmente conocida por ser la depositaria del supuesto sudario que, según se afirma, utilizó José de Arimatea para envolver a Cristo tras su muerte. Por siglos se ha teorizado acerca de su originalidad y de cómo se pudiera haber plasmado la imagen de Cristo en ella. También, en su incoherencia al compararla con el registro bíblico, donde se dice que Jesús fue envuelto en vendas, no con un sudario. Actualmente se sabe que la denominada Sábana Santa de Turín es tan solo una reproducción artística, sin conexión con el posible original, elaborada en fecha tardía.

Aun así, descartado el valor original de la tela, no obstante permanece el valor histórico. Ninguna de las telas repartidas por el mundo es 'la original'. Pero sí son testimonios de un pasado, de unas creencias, de historia y tradiciones. En ese contexto, la sábana de Torres tiene un especial valor.

La sábana conservada en Santo Domingo de Silos se ha fechado entre 1627 y 1640. Sin embargo, la de Torres llegó a la localidad en 1620, siendo monarca Felipe III. Dada su exactitud y detalle, comparada con la original, se cree que pudo ser copiada mediante alguna técnica de calcografía, superponiendo la sábana de Torres sobre el original de Turín.

Tejida en lino, sus dimensiones son 4,47 m de largo por un metro de ancho; de color blanco amarillento, algo pardo. La imagen representada de frente mide 1,83 m desde el cráneo a la punta de los pies. De espalda, 1,72 m desde el cráneo hasta el talón. "Se conservan las marcas de ojos, nariz y boca; la forma del rostro y de la barba. También se aprecian señales de la corona de espinas y, sobre los hombros, señales del cabello. Sobre el pecho y en diversas partes del torso, las señales de azotes y golpes de la Pasión."

Durante la Guerra Civil se mantuvo oculta en una casa particular, gracias a lo cual pudo superar los destrozos del conflicto. En la actualidad, mientras se espera una posible futura musealización de la ermita donde se guarda, sólo es posible verla los Viernes Santos de cada año.

El Pozo

Según señala la página web municipal, "con motivo de una epidemia que hubo en 1885, se pensó en la necesidad de instalar una bomba de extracción de agua para el consumo del pueblo. Como éste se hallaba a cierta distancia del casco urbano, se hacía precisa la presencia de una guarda que lo vigilara.
Pero la situación económica del municipio no permitía pagar el jornal de dicho vigilante, motivo por el que se arbitró finalmente una solución, consistente en que cada uno le pagara, a razón de cinco céntimos por cada carga de agua extraída por medio de la bomba, que él manejaría. Este sistema se conservó vigente durante bastantes años. Aún hoy, entre los más mayores de los vecinos de Torres, algunos recuerdan aquellos cinco céntimos que había que darle al “tío Gil” cada vez que iban por agua al pozo. Esa bomba se quitaba en invierno y se volvía a instalar con la llegada de los primeros calores. De este modo, se evitaba la contaminación de las aguas en los períodos estivales."

Etimología

Algunos autores hacen remontar el topónimo Torres a la época de la dominación romana, apoyados en suposiciones y una interpretación particular de la estela funeraria ya referenciada (el supuesto topónimo Turicum habría dado origen al actual "Torres"). Pero no existe base documental que apoye tal teoría. El nombre Torres es de evidente origen latino, pudiendo haber sido impuesto por los repobladores tras la Reconquista, sin poder afirmar rotundamente ni lo uno, ni lo otro. Aludiría a las posibles atalayas o sistemas defensivos existentes en algún momento de su historia, de los que actualmente no quedaría vestigio alguno.

El apellido de la Alameda, sin embargo, lo recibe en algún momento del siglo XIX, seguramente para diferenciarse de otros topónimos similares. Anteriormente, el único nombre que se registra en los documentos es Torres.

El gentilicio de los naturales de Torres de la Alameda es torresano.


JR - Enero 2009


Página oficial del Ayuntamiento de Torres de la Alameda




Informaciones obtenidas y extractadas de diferentes fuentes, principalmente de la
página web del Ayuntamiento y de "Tierras de Alcalá. El valle del Henares (I)".



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